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Dr. José Vitelio García Maldonado

EDUCACIÓN VALORES Y CAMBIO

Por: Eduardo R. Thomae

Hablar de valores y ubicarlos en el interactuar que se da dentro del ámbito escolar, nos lleva necesariamente a comentar algo sobre la educación en valores.



Teóricamente una educación orientada hacia los valores es una educación centrada en el hombre, ya que la esencia del ser humano es un interactuar dirigido por los valores.



En la concepción del hacer educativo, el cultivo de la persona, su humanización, implica que algunos aspectos de la vida en grupo sean asimilados como base fundamental de la socialización y que otros sean modificados o abandonados porque pudieran considerarse lesivos tanto para el individuo como para el grupo social (prácticas discriminatorias, agresivas, antisociales, etc.)



Sin embargo, en tiempos actuales, en período de globalización frecuentemente se habla de la conveniencia y hasta de la necesidad de un cambio.



Un aspecto del planteamiento de la educación en relación con el cambio social es la consideración de la importancia que en ella tienen los valores políticos tomados como valores referentes al poder.



La escuela, de facto, propicia una formación que determina la postura ante los poderes. Puede fomentar la sumisión, la aceptación, el conformismo o puede estimular actitudes de participación, de revisión, de crítica, de inconformismo. “Puede preparar para ejercer el poder o para padecerlo”.



Una escuela orientada hacia la formación de ciudadanos para una sociedad auténticamente humana deberá formar para juzgar el poder y ejercerlo en su caso, con justicia, con criterios determinados por valores como la libertad, la paz, la concordia y la solidaridad.



Una educación para el cambio requiere un sistema educativo en el que los valores de la persona y de la comunidad sean objetivos realmente alcanzables y que también tome en cuenta los propios valores que se generan en la organización escolar.



En nuestras escuelas a veces encontramos una actitud de no compromiso con determinados valores “oficiales”, como una reacción común en el campo pedagógico contra los excesos de la autoridad y de la norma, tal pareciese que fuera una actitud contestaria a favor de la autonomía y la libertad.



De todas maneras, convendrá recordar como principios valederos en la formación de la persona, que: La libertad sin dirección es vacía y que los valores no elegidos personalmente no llegan a interiorizarse, ni a tener significación ni efectividad en la vida del ciudadano.



Una educación para el cambio no puede darse sin una relación o contacto directo y vivencial con las realidades ambientales. De aquí la importancia de una mayor interacción abierta entre escuela y comunidad.



Podemos concluir que:


  • En el hacer educativo, el cultivo de la persona, su humanización, implica que algunos aspectos de la vida en grupo sean asimilados como base fundamental de la socialización.
  • La escuela, de facto, propicia una formación que determina la postura ante los poderes.
  • Una formación ciudadana capacita para juzgar el poder y ejercerlo en su caso.

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