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Dr. José Vitelio García Maldonado

El escenario del cura Amaro.

Por: José Vitelio García

Hace muchos años, tal vez treinta, yo no acudía al cine a ver película mexicana alguna. No les tenía confianza, con argumentos sosos, técnicamente mal desarrolladas, con mala fotografía, con actores mediocres, con pésima dicción, parlamentos insulsos, en fin, mucho de que avergonzarse. Perdí la fe y el entusiasmo por verlas. Pero de pronto advertí en la pésima programación televisiva que padecemos, una intensa y enconada propaganda a favor de un filme que aún no se exhibía: El crimen del Padre Amaro.



Y digo propaganda, porque desarrollando furibundos ataques a la película, algunos tétricos personajes fustigaban el argumento, la trama y el tema. Le atribuían carácter de lesa religión, atentatorio a la moral cristiana y a la sagrada fe de los mexicanos. Sabemos por experiencia que los humanos por naturaleza, siempre estamos tentados a ver lo que nos prohiben algunos censores.



Ahí está el caso de Pandora, que por curiosidad destapó la caja que su compañero le había prohibido ver. Resultado, los males y penas que aquejan a la humanidad y que Zeus envió como castigo a los mortales. Bueno, eso según lo asienta la mitología griega.



De tal suerte, que casi presto acudí a una de las salas de exhibición. Desde luego no asistí el primer día, por temor a que fuese mas cara la entrada, pero eso sí el tercer día estuve puntualmente a verla, después de mis arduas actividades laborales.



Aquello para mí fue una verdadera revelación. Un reducido grupo de buenos actores. ¿Nombres? Soy malo para recordarlos. Magnífica fotografía, nítida y firmemente colorida. Para mis ojos, excelente. Sonido ambiental. Sin ser perito en la materia creo que técnicamente fue bien lograda. Desde luego hubo buena dirección.



Y lo que más me plugo como etnocéntrico coatepecano, fue el ver buenas tomas de lugares de la región, Xalapa, Coatepec, Xico. La Iglesia de San José, la Iglesia del Barrio de La Luz, la de Xico, con sus aledañas calles inconfundibles. En fin un poco de cultivo al ego pueblerino de la comarca. Yo quedé sumamente complacido, aunque no acostumbro entrar a los templos católicos, ni a otros. Ahora sí pienso acudir a constatar la existencia de esas maravillosas tomas en tecnicolor.



El argumento, realista. Quienes vivimos en pueblos chicos, sabemos de lo común que es encontrar curas con muchos “sobrinos”, cuyo parentesco verdadero siempre es enigmático y una desentrañable incógnita que dá pábulo a diversas versiones en torno a la vida y figura de alguien que finalmente llega a ser un personaje sobresaliente en nuestros poblados. El párroco del lugar.



Otro aspecto importante presentado en el desarrollo del filme es la diversidad de conductas adoptadas por el clero secular.



En nuestro país, desde la época colonial se han distinguido diversas y divergentes conductas en la clerecía. De una parte, un grupo de prelados defensores del “statu quo”, prevaleciente generalmente los que obtienen canonjías y prebendas, conservadores a ultranza. En contraparte un sector más tolerante, incluso progresista, que tal vez capta con más sensibilidad las angustias y padecimientos de la población más necesitada. Llega incluso a una actitud contestataria afrontando la excomunión. Aquí pudimos rememorar el comienzo de la gesta insurgente con Hidalgo y Morelos, que nos dio independencia política desgajándonos del imperio colonial español, en los comienzos del Siglo XIX. En fin. Sin propaganda, creo que acudiré otra vez a ver esta película mexicana, que sin esperarlo, me dejó una grata impresión y a la que ahora probablemente le encontraré otras facetas de comentario.

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