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Dr. José Vitelio García Maldonado

ASOMÁNDONOS AL IDEARIO-CONCEPTUARIO DE DON JAIME TORRES BODET

Por: José Vitelio García

Después de una agobiante jornada de camino, he arribado a mi estudio, para cumplir una encomienda altamente satisfactoria, evocar al maestro, diplomático, literato y mexicano ejemplar Don Jaime Torres Bodet.




Como él mismo lo asienta en el proemio de una de sus obras, desde joven tuvo “fe en la palabra empeñada para servir al hombre, en solidaridad con los hombres”.




Nos dice: “Siempre que subí a una tribuna, en México o en la India, en Quitandinha o en Bogotá, en París o en Colombo, en el Cairo o en Nueva York, quise expresar simultáneamente una verdad personal y un estímulo destinado a la acción de quienes me oyesen”.




Su actitud siempre fue constructiva, nunca habló para destruir y como funcionario tanto en el ámbito nacional como en el internacional, su gestión, categóricamente puede calificarse como positiva.





Al respecto escribió:




Como Secretario de Relaciones Exteriores, “anhelé interpretar la voluntad mexicana, franqueando a los pueblos rutas mejores hacia su colaboración efectiva en la libertad”.
Como Secretario de Educación Pública, “me esforcé por captar y por difundir -hasta donde pude- la profunda verdad de México”.




Como Director General de la UNESCO, “Procuré inducir a los poderosos al examen de sus obligaciones indeclinables frente a los débiles: los desheredados de la historia, de la geografía y de la cultura”.




Como profesor de literatura que lo fue en la UNAM, se distinguió como hombre de vasta cultura según lo muestra su ideario sobre distintos temas. Veamos:




Autenticidad.


“No valen tanto los hombres y los estados por lo que creen que representan, ni siquiera en términos absolutos, por el disfrute de lo que tienen. Valen esencialmente, por lo que son. Y, en lo que somos, manda el espíritu”




Respeto.


“Nadie adelanta jamás sino por sí mismo y de acuerdo consigo mismo. Hasta en el vasto y desinteresado campo de la cultura, la verdadera universalidad de la mente parte de una premisa: el respeto a la condición insubstituible de cada persona y de cada pueblo”.




Historia Nacional.


“La Reforma, la Revolución, los mejores esfuerzos contemporáneos, son actos de una inconclusa gesta emancipadora. Atestiguan la perseverancia de un pueblo que, a través de influencias e imitaciones, a menudo contradictorias se ha encontrado en la obligación absoluta de preservar por sí mismo, día a día y constantemente, su derecho a ser lo que quiere ser”




Cultura.


“Como el árbol del que habla un poeta nuestro, que cuanto más atreve la audacia de su ramaje a la inmensidad magnífica de la luz más debe hundir su raíz en la noche pródiga de la tierra, la cultura tiene que compensar en profundidad lo que ansía y proclama en elevación. Si no lo hace, cae de improviso, rechazada por el suelo que no interpreta, que no la nutre y que, al sentirse no comprendido, ni revelado, repudia su ornato superficial y la flora postiza que lo recubre”.




Conducta y valor.


“Lo que define a los pueblos –y a las personas- es la calidad de su acción el conjunto de hechos que representa el valor permanente de su conducta.




Vida y juventud.


“La vida entera, con sus infinitas posibilidades, rodea a los jóvenes y trata de limitarlos dentro de algunas de sus fórmulas: ambición de gloria, ambición de riqueza, facilidad del deleite o improvisación en la técnica del poder. La ciencia, la política, la fortuna, parecen ofrecerles, de pronto, todas sus ascensiones. Pero, frente a cada camino surge un enigma. Por eso alguien ha dicho que la juventud es la edad de Hamlet, príncipe de las dudas”.




Juventud y sociedad.


“Más que con sus palabras, la juventud nos juzga con sus acciones. Su conducta es el fruto de nuestro ejemplo. En lo que emprende vemos de pronto, como en la ampliación de un espejo mágico, nuestras cualidades y nuestros vicios, hasta tal punto que quien critica a la juventud se acusa indirectamente de no haber ayudado a perfeccionarla, y quien la ataca confiesa que no tuvo en su pensamiento una finalidad augusta que transmitirle, ni un canon que proponer a su emulación”.




Libertad y democracia.


“Pero aprender a ser libres, es aprender a la vez a ser responsables, cautos y reflexivos. Una libertad sin orden, no es libertad. Y un orden sin libertades, no es democracia”.




Mayoría de edad.


“La mayoría de edad en las culturas como en los hombres, consiste en saber enfrentarse a las circunstancias con decisión. Sin falacias, pero con esperanzas; sin temores, pero con conocimiento cabal de los riesgos que nos rodean; sin jactancia, pero con entusiasmo; sin fanatismo pero con fe.”




Vivir.


“Vivir es arduo; sobre todo si se aspira a que la edad no nos envilezca, las pasiones no nos desvíen y los desistimientos no nos sometan a un automatismo servil. Vivir es arduo, porque entraña la obligación de construirse uno a sí mismo todos los días, de hacerse y organizarse a cada minuto y de luchar incansablemente por no perder lo mejor que posee el hombre: su necesaria, su inconfundible, su inalienable autenticidad”.




Patria.


“La patria no puede constituir exclusivamente una herencia plácida de derechos. El nombre más bello de la patria es perseverancia. Perseverancia en la lealtad al pasado. Y perseverancia en la conquista del porvenir. Pero la perseverancia supone a su vez una premisa infrangible: la austeridad.”
Educación para la paz.
Queremos una educación para la libertad, una libertad para la justicia y una justicia para la paz. Nada de cuanto decidamos hacer colectivamente a favor de la educación deberá, por tanto, alterar nuestro concepto de la libertad y de la justicia, o amenguar en manera alguna nuestra voluntad esencial de paz.”




Condición del analfabeto.


“Sabemos y sentimos profundamente que la incuriosidad del analfabeto no es culpa suya y que, así como la cultura es un incentivo más para la cultura, la incultura lleva en sí misma ese corolario: priva a quien la padece hasta del deseo de dejar para siempre de padecerla.”




Lenguas indígenas


“No es imponiendo teóricamente nuestro idioma como lograremos que se interesen por él que lo adopten y que lo quieran quienes –de manera parcial o absoluta- lo desconocen, sino apoyando su desarrollo en el dominio formal de la lengua que emplean por tradición, y consolidando la unidad mexicana sobre un total armónico de verdad: el de la patria que respetamos.




Ser mexicano.


“Ser mexicano ha significado inconformidad e insatisfacción. Y tendrá que significar insatisfacción e inconformidad quien sabe por cuanto tiempo; pues mientras vivan en la República millones de hombres y de mujeres analfabetos, descalzos y desnutridos, millones de niños sin escuela y cientos de millares de familias para las cuales el hogar es una cocina sin lumbre, un lecho sin abrigo y el amago perpetuo de un mañana sin pan, toda voluntad bien intencionada estará impelida por dos afanes imprescriptibles: nutrir a México, educar a México. En síntesis: libertar a México. Libertarlo del hambre y de la miseria. Libertarlo de la pereza y de la incultura. Libertarlo de la mentira y de la enfermedad”.



Más que ideario, lo anterior ha sido una pequeñísima muestra del conceptuario de un ejemplar profesionista, paradigmático mentor y transparente funcionario político.



Delante de mí, una fotografía suya, que obra en el archivo del CREFAL y que se ha atribuido a Lola Alvarez Bravo, una imagen sedente ante un libro, con faz afable ante la cultura escrita. Termino este conato de artículo, consciente de que no he dicho casi nada de la inmensa estatura intelectual y cultural de un mexicano, ciudadano preclaro de la humanidad.





Publicado en el número 13 de la Revista Maestros de Ayer, Hoy y Siempre de Conalmex-Unesco.

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