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Dr. José Vitelio García Maldonado

Federalismo educativo y desarrollo

Por: Eduardo R. Thomae

En “Ilusiones para el Siglo XXI”, Gabriel García Márquez, en marzo del 99, expuso en París Francia, dentro del Foro América Latina y el Caribe Frente al Nuevo Milenio, los siguientes pensamientos contundentes y provocadores: “El escritor italiano Giovani Papini enfureció a nuestros abuelos en los años cuarenta con una frase envenenada América está hecha con los desperdicios de Europa. Hoy no sólo tenemos razones para sospechar que es cierto, sino para intuir algo más triste,.... que... “la culpa es nuestra”. Simón Bolívar lo había previsto y quiso crearnos la conciencia de una identidad propia en una línea genial de su Carta de Jamaica “Somos un pequeño género humano”. Terminamos por ser un laboratorio de ilusiones fallidas. Nuestra virtud mayor es la creatividad y sin embargo no hemos hecho más que vivir de doctrinas recalentadas y guerras ajenas, herederos de un Cristobal Colón desventurado que nos encontró por casualidad cuando estaba buscando las Indias”. Hasta aquí García Márquez quien alguna vez deambuló por nuestras calles xalapeñas.



Cito las ideas anteriores, porque en verdad, México como parte de América Latina ha querido tomar siempre lo mejor del pensamiento y de la acción socio-política universal y en ese empeño ha experimentado teorías y prácticas que en otras latitudes del planeta han tenido final exitoso, pero no así en nuestros lares.



Teóricamente, y a imitación del modelo estadounidense, hemos querido ser una República Federal. (Del latín foedus, eris,:pacto,alianza) circunstancia que funcionó en el caso de las 13 colonias norteamericanas, independientes todas ellas en un principio y no así en las circunstancias geopolíticas de la Nueva España, Nueva Galicia y Nuevo Santander. Aquí hubo necesidad de crear estados regulares y hasta minúsculos, muchas veces atendiendo sólo a intereses caciquiles regionales. La federación ha sido una ilusión y aunque en la Guerra de Reforma se definió una República Federal, en realidad y en la práctica se instauró y ha venido funcionando una República Centralista a la manera conceptual del dictador Antonio López de Santana.



Sólo ahora después de siglo y medio se trata de operar un “federalismo educativo”, que aquí debo aclarar sería una expresión más propia, que “federalización educativa”.
En fin, se trata de romper con la centralización que significaba distancia respecto a los problemas, excesivas cargas burocráticas y concentración de funciones. El federalismo educativo en cambio permite ofrecer servicios más adecuados a las particularidades de cada lugar, un desahogo expedito y efectivo de los asuntos, a menor costo, además de la posibilidad de un acercamiento más efectivo a la problemática local.



La complejidad y las dimensiones de la problemática educativa concitan a encontrar nuevas formas de actuar para que el efecto de los recursos disponibles se multiplique. Aún no se aprovechan todas las oportunidades para reducir las cargas y costos administrativos de la operación de los servicios educativos en el ámbito estatal y el antiguamente federal.
En la medida que esto se logre, se liberarán recursos que podrán aplicarse a elevar la calidad educativa.



Nunca estará por demás fomentar entre los servidores públicos del sector educativo, la genuina vocación de servicio y el apego a los valores que sustentan su función eminentemente social.
A nuestro parecer, todos los países que han desarrollado acciones y estrategias tendientes a descentralizar los servicios y recursos del ámbito educativo, han tenido como común denominador u objetivo principal, el mejorar los servicios educativos en cuanto a la calidad de sus procesos, la administración de finanzas sanas, trámites burocráticos ágiles y solución de problemas con prontitud por la cercanía a los lugares donde éstos se presentan.
Se trata así de culminar una reforma educativa emprendida en los años noventa, un proceso de federalismo descentralizado mediante el cual, el gobierno federal transfirió a los estados la responsabilidad de operar su propio sistema educativo, conviniendo y estableciendo para el efecto las facultades y atribuciones jurídicas, los recursos materiales, humanos y financieros necesarios para esos objetivos.



El actual entorno internacional y las presiones de competencia sobre las regiones productivas obliga a que el pacto federal mexicano sea reconsiderado. Es un hecho que el acuerdo de participaciones no se ha cumplido y no se han entregado los recursos necesarios para que los estados puedan mejorar sus servicios. La federación no actúa para atenuar los efectos negativos de los ciclos económicos.



Ahora estamos ante un federalismo inerte. Los estados más pobres han tenido crecimiento económico muy mediocre, lo que amplía más la brecha que los separa del resto del país.
Nuestra región, nuestro estado y nuestra nación, ya no pueden substraerse a la influencia de un mundo globalizado. El contexto internacional permea el tema del federalismo educativo en nuestro país. Las políticas educativas tanto nacional como internacional envuelven y abrazan los distintos procesos que se han realizado en el ámbito mundial y local.



Pero en lo que sí, todos convergemos, es en el consenso de que el desarrollo de la educación favorece directamente al desarrollo social y económico de una región o de un país. También estamos de acuerdo en que el objetivo fundamental de la educación en general y de la educación escolar en concreto, es proporcionar a los ciudadanos y estudiantes una formación plena que les ayude a estructurar su identidad y a desarrollar sus capacidades para participar en la construcción de la sociedad.



La madurez y consolidación de las sociedades democráticas en gran medida están dadas por el desarrollo de las capacidades individuales y por la posibilidad que la sociedad tenga para integrarlas y hacerlas patentes en los proyectos colectivos.



Por eso cuando la sociedad en general, un país o un estado se preocupa y plantea la mejora de la educación, a través de eventos que propendan a ese fin, en realidad está confiando en su potencial para generar progreso social y en su potencial transformador en todas las dimensiones, la personal, la política, la cultural y la tecnológica, la económica y productiva.



De manera más concreta se le asigna a la educación el papel de catalizador para que determinado grupo social afronte y supere airosamente los acelerados cambios que ahora se dan en cada una de las dimensiones mencionadas.
Estamos conscientes de la gran importancia de una educación que potencie las capacidades personales y sociales para hacer frente a las veloces transformaciones de la tecnología, de la producción y de la cultura, y que además nos conduzca por el camino de un desarrollo humano, ecologista y sostenible.



En Veracruz y dentro del marco del PROVEC con un enfoque sistémico encaminamos nuestros esfuerzos para que tanto la educación formal, como la no formal se conduzcan para y en el desarrollo y no sólo para el crecimiento económico, en cuanto a que el desarrollo supone un proceso que conduce a la realización y potenciación de capacidades individuales y colectivas.
Sabemos que en algunos renglones marchamos contra corriente porque la Educación para el Desarrollo plantea cuestiones éticas que se relacionan con el funcionamiento de la sociedad y por lo tanto tiene relación con varias problemáticas implicadas, entre otras, la paz, la democracia, la multiculturalidad, el consumo, la salud y el medio ambiente.
Tenemos la confianza de construir las bases para un desarrollo más humano, respetuoso con el medio ambiente y sostenible en el futuro.

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