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Dr. José Vitelio García Maldonado

La huella pedagógica de Don Manuel C. Tello

Por: José Vitelio García

Por aquellos años, de cuyos numerales no quiero acordarme, convergieron en mi vida algunos eventos que me franquearon el acceso a la gloriosa Escuela Normal Veracruzana “Enrique C. Rébsamen”, de Xalapa Veracruz.

    Las circunstancias que me ayudaron, fueron:
  • Los resultados de un examen de oposición.
  • El certificado de pobreza que mis padres gestionaron en la “oficina del timbre” de la localidad.
  • La influencia familiar para moldear mi decisión de ser profesor.

Así llegué a la institución educativa, que siempre he dicho, significó para mí una ventana a la cultura universal.



Imagínense ustedes, el maestro Raúl Contreras Ferto, a nuestro arribo, nos aplicó una “batería de pruebas psicológicas”. Un ítem de las mismas, que aún recuerdo con claridad, decía más o menos: ¿Por qué las carreteras están bombeadas en su parte central?. Entre las opciones estaban: para que se vean mejor, para que resbale el agua a los lados, para pintar la raya. Yo opté por la segunda, por lo que imaginé, porque en realidad nunca había recorrido una carretera y menos había advertido dicha peculiaridad. Las dos veces que había viajado de la mano de mi madre, desde Coatepec a Xalapa, había sido en “autovía.”



Así comencé mis estudios con una beca de treinta pesos mensuales, que pagaba mi municipio. Así conocí a conspicuos maestros, que mucho me enseñaron y me alentaron a incursionar en el mundo de la cultura y la educación.



Sólo por mencionar a algunos, sin pretender ser exhaustivo; Severino Ortíz, Juan Zilli Bernardi, Antonio Nadal Romero, Alberto C. Licona, Cecilia Sánchez, Serafín Zamora, Ezequiel Jiménez, Horacio Hernández, Fidencio Bermúdez, Manuel C. Tello y muchos más, todos ellos para mí ejemplares y dignos de seguir su huella.



Ahora, sin embargo, deseo rememorar la imagen de Don Manuel C. Tello.



Mucho había oído hablar del Maestro Tello. Ahora lo conocería en persona, cuando nos diese a los alumnos del 5º.grado de Normal, la cátedra de Pedagogía. El antecedente habría sido un curso de Ciencia de la Educación que nos impartió en el 4º. grado, Don Juan Zilli.



En aquella fría y soleada mañana de febrero, no sé si en todos mis compañeros, había expectación, al menos en mí, ....sí la había. Aún recuerdo el arribo de Don Manuel C. Tello al aula de aquel edificio de la Normal Veracruzana ubicado en la confluencia de la Av. Manuel Avila Camacho y la Av. Xalapa, actualmente Facultad de Economía de la U.V.



Era Don Manuel, una presencia pulcra y elegante, su andar pausado se complementaba con una figura vertical, esbelta. Lucía traje azul obscuro de aquel casimir con “rayas de gis” como se conoce coloquialmente. Impecables camisa, corbata y zapatos. En la diestra sombrero de fieltro que se quitaba al irrumpir al aula. Un todo armónico en su vestir.



Recordé a mi padre, que alguna vez me comentó el pensar de Don Manuel “Andemos siempre erguidos como lo ha conquistado la especie a la que pertenecemos, aunque sintamos que la tierra nos reclama.” El maestro Tello frisaba ya los setenta años.



Siempre conservó su porte militar y con razón, ya que en 1921 con el grado de Teniente Coronel asumió el cargo de Subdirector de las Escuelas de Tropa del Colegio Militar.



Su rostro de músculos tensos, mostraba una tez apiñonada obscura, contrastante con el blanco de su cabello, cejas y bigote poblado. Su boca de labios regulares sellaba una expresión adusta que denotaba fuerte voluntad y decisión. Todo lo anterior se complementaba con una voz grave y pausada.



Su clase siempre fue una cátedra magistral, con él pude formar claros conceptos sobre la pedagogía. Con él conocí las raíces filosóficas del hacer educativo, también con él avancé hacia la concepción científica de la educación.



Conocí que Pedagogía, tiene como raíces las expresiones del griego paidós: niño y agoo: conducir. Que entre los griegos era el arte de conducir al niño a manifestar sus cualidades para moldearlas en el entorno socio-cultural en que se desarrollaría y viviría. Y que el responsable de todo ese proceso era un ayo, bajo cuyo cuidado se cultivaba al futuro ciudadano.



Supe así que la Pedagogía se conceptualizó como un arte y sus características evolucionaron conforme también cambió el concepto de educación.



Desde: “Dar al cuerpo y al alma toda la perfección de que sean susceptibles” (Platón), “hacer al individuo un hombre de mundo” (Renacimiento) o ya más cercanamente: “Evolución personal metódicamente ayudada y simultáneamente una función social” (Richard).



Que en el siglo XX la Pedagogía fue conceptuada como una ciencia de la educación, con los atributos de toda ciencia (conocimiento sistematizado, basado en la observación y experimentación, universales y referidos a una rama del saber humano), destacando en su espectro de análisis, la Didáctica General, la Didáctica Especial (Técnica de la Enseñanza), la Organización Escolar y la Higiene Escolar.



Don Manuel C. Tello nos indujo a reflexionar sobre los fines educativos cuyo estudio forma la Teleología pedagógica, también a incursionar en el terreno de los valores que fundamentan la educación y que son parte de la Axiología pedagógica, además de la educación de la voluntad que deviene en una autodisciplina del alumno y que toma sus principios de la Hodegética como parte importante de la Pedagogía.



Este conceptuario es una mínima muestra de esa vasta cultura pedagógica de Don Manuel y que a muchos de nosotros, sus alumnos, nos sirvió de fundamento y guía para nuestro quehacer educativo frente a varias generaciones de niños y jóvenes mexicanos.



Entre paréntesis, comento, que un joven colaborador mío, pedagogo de egresión universitaria, se asombró al oírme mencionar la hodegética. Afortunadamente, después de una amena charla, convino en su utilidad práctica, cuando al contribuir a formar el carácter responsable de un educando, sentamos las bases de una conducta disciplinada.




Aún recuerdo como iniciaban los apuntes de Pedagogía del maestro Tello.




En un recuadro superior izquierdo, el apotegma de Octavio Greard. “Soy humano y nada de lo humano me es desconocido”. Así nos mostraba el maestro, cómo aquel aprendiz de profesor, debe reflexionar sobre su esencia humana y su conducta social, para escuchar y entender a sus alumnos, de humano a humano, sin sorprenderse, ni mucho menos alarmarse. Cuando el educando vierta ante su maestro sus angustias, sus anhelos o sus aspiraciones, el profesor siempre deberá ser quien extienda la mano para llevarlo a superar sus miedos, para acrecentar su confianza en él mismo y para consolidar su personalidad en el entorno social en que se desarrollará.




La vena pedagógica de Don Manuel C. Tello, siempre se manifestaba en su cátedra y no podía ser de otro modo, ya que él realizó sus estudios en la Escuela Normal Veracruzana cuando aún la dirigía el gran maestro suizo Don Enrique Conrado Rébsamen.




Con todo lo profundo que Don Manuel era en la expresión de su pensamiento filosófico-pedagógico, siempre tenía tiempo para algún comentario finamente irónico en torno a cualquier suceso cotidiano y hasta biográfico. El mismo maestro reconocía que era un poco “cascorvo” y cuando alguna de sus tías, en alguna reunión le saludó, diciendo ante otros familiares: “!Miren aquí está, a quien yo enseñé a caminar¡”, el entonces joven Manuel C. Tello le respondió “Ah malvada, con que tú fuiste la culpable”. Y una fina sonrisa se dibujó en sus labios.




Vicente Salcedo, uno de sus biógrafos nos dice que en la Escuela Normal, fue un alumno distinguido, un rebelde y un visionario. “Rebelde porque no aceptaba dogmáticamente las enseñanzas de sus maestros sin analizarlas y porque la duda siempre llegaba a su espíritu”. Visionario porque “ya desde estudiante planeaba a su modo cómo debiera ser la educación en su Estado”




En 1903 termina sus estudios magisteriales e inicia su periplo educador Orizaba, Tepezintla, Chontla, Temapache y Xalapa en el Estado de Veracruz.




De 1917 a 1920, por voluntad plebiscitaria se hace cargo de la Dirección General de Educación desde donde renueva, Sistemas y Metodología de Enseñanza, Organización Escolar y Política Educativa.




Del 21 a 27 es Inspector de Enseñanza Normal, habiendo sido en el 23 Secretario de la Escuela Normal.




Tanto en 1930 como en 1941 dirigió la Escuela normal Veracruzana y también sirvió como catedrático de la misma.




Su labor trascendió a otros estados de la República. En 1926 dirigió la educación en el Estado de Puebla. En el Estado de Jalisco fue Director de Educación Federal. En Zacatecas, dirigió la Escuela Normal Rural de Río Grande y después fungió como Director de la Escuela Central Agrícola de Bimbaletes.




En el Distrito Federal, resolvió los problemas que se suscitaron en la entonces Casa del Estudiante Indígena. En el Instituto Federal de Capacitación del Magisterio fue catedrático y después supervisor de la Sección de Lengua y de Literatura, también asumió el cargo de Director de la Escuela Normal Oral. Todo esto en la década de los años 30.




En la época del gobernador veracruzano Lic. Marco Antonio Muñoz T. se crea la Facultad de Pedagogía dependiente de la Universidad Veracruzana encomendándole a Don Manuel su dirección. En ese baluarte de la docencia superior, corona su labor pedagógica, sin mixtificaciones y con auténtica convicción magisterial.




Yo tuve la fortuna de ser uno de sus alumnos y de aprender un poco de su gran sabiduría y entrega a la causa educativa.




Don Manuel C. Tello nació en la proverbial “Ciudad de los 30 Caballeros”, Córdoba, Ver., el 25 de octubre de 1884 y falleció el 15 de marzo de 1963 en la ciudad de Xalapa, Ver., capital del Estado.

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