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Dr. José Vitelio García Maldonado

Campañas fantasmagóricas

Por: Benito Barradas

Para quienes no están respirando la atmósfera de la disciplina partidaria, razones de Estado, gobernabilidad o consignas del poder político, es decir, para los simples ciudadanos y potenciales electores, suena como absurdo o ridículo escuchar que estamos en tiempos de campañas para diputados federales, pues las campañas parecen, perecen, pero no aparecen.




El 6 de julio, día de las elecciones, está a la vuelta de la esquina. Domingo en que se decidirá el cambio de los 500 diputados del Congreso de la Unión. No es poca cosa. Día importante para los ciudadanos que hasta la fecha, sólo observan esporádicas y grotescas intentonas de campañas simplonas. Y son 11 partidos políticos con financiamiento público para desarrollar acciones que les permitan convencer a los ciudadanos. Parece que nadie está cumpliendo correctamente y lo único cierto es que el fantasma del abstencionismo recorre todos los distritos electorales.




Campañas deslucidas. Campañas sin brillo, con bostezos y tropiezos. Candidatos desconocidos. Ausencia de propuestas. Ciudadanos alejados del proceso electoral. Partidos y dirigentes políticos desgastados por las promesas incumplidas. Abundancia de escándalos: Pemexgate, “Los amigos de Fox”, la venta del padrón electoral a la empresa norteamericana Choice Point. Este es el escenario que nos lleva al abstencionismo, tan dañino para la democracia.




Los partidos políticos, los históricos/histéricos y los de reciente registro, se encuentran inmersos en un mar de recriminaciones mutuas, apuestan al descontón del adversario, lanzan ofensas, calumnias, diatrabas, descalificaciones. Es la guerra sucia de la política y los políticos. Pero el ciudadano común sigue ausente del proceso electoral.




Da la impresión de que estas mal llamadas campañas políticas son cosas de fantasmas, cortesía mediática del poder. En la ciudad de Xalapa, por ejemplo, no se han difundido los programas de los partidos políticos, no existe acercamiento directo con los ciudadanos, no se escuchan propuestas concretas, viables, sobre los graves problemas del empleo, la inseguridad, los impuestos fiscales, los bancos, la pobreza, la educación, la salud, la corrupción, o las privatizaciones, por sólo citar algunos. Fantasmas. El mundo fantasmagórico de la política.




Los días se suceden inexorablemente. La página en blanco, salpicada de manchas de las campañas electorales, es el único producto ofrecido al ciudadano, que no advierte los argumentos y beneficios que lo convenzan de la importancia de acudir a las urnas para emitir su voto a favor de un candidatos o partido político. El abstencionismo está a la vista.




Dudo que les dé tiempo, pero los 11 partidos políticos contendientes tienen la obligación de realizar auténticas campañas políticas. Para eso reciben sus nada despreciables prerrogativas, que salen del presupuesto federal y que los mexicanos cubrimos por medio de los impuestos fiscales. Estamos ante otra promesa incumplida, el costoso aparato de la política resulta ineficiente, desalentador, digamos inútil.




Las burocracias partidistas, por desgracia, están distantes de los reclamos populares. En todos los partidos políticos prevalecen los proyectos personales, las luchas internas por el poder, el regateo por las candidaturas, el desvío de recursos financieros, el frenesí de los dirigentes por el enfoque televisivo. La ciudadanía está harta de este tipo de quehacer político. Por eso la demonización de la política y los políticos, a quienes se considera como los principales responsables de la grave situación económica que padece el país, sin olvidar los daños causados por el sistema bancario y financiero y la clase empresarial cortesana y rapaz. La población no olvida el costo tan alto que ha tenido que pagar en pérdida de empleos, salarios, salud, es decir, calidad de vida, y en credibilidad electoral.




Las preguntas son sencillas. ¿La partidocracia está dispuesta a cambiar? ¿La partidocracia es capaz de escuchar este clamor popular? Los datos disponibles nos dicen que las respuestas son negativas. Los partidos políticos utilizan el discurso del cambio, de la renovación, de la modernización, pero en los hechos regresan a las antiguas y viciadas prácticas: muchos candidatos, campañas que no arrancan, ausencia de propuestas concretas, frecuentes acusaciones de desvíos de recursos públicos a favor de algún candidato. El país está harto de promesas y de improvisaciones. El día de la jornada electoral está a poca distancia. El plazo es breve y se está reincidiendo en la improvisación, el engaño y la promesa fácil. El hartazgo de la población es mayúsculo. Los únicos que no se dan cuenta son los dirigentes de los partidos políticos. Los pasillos del poder producen ceguera política.

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