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Dr. José Vitelio García Maldonado

Educación-Desarrollo-Democracia

Por: José Vitelio García

En la actualidad es casi un axioma admitido, que el desarrollo de la educación favorece directamente el desarrollo social y económico de una región o un país.



En ese camino es antecedente fundamental el desarrollo de las capacidades personales. El objetivo primordial de la educación en general y en concreto de la educación escolar es proporcionar a los ciudadanos y estudiantes una formación plena que les ayude a es4tructurar su identidad y a desarrollar sus capacidades para participar en la construcción de la sociedad.



En el aspecto socio-político el sistema educativo debería posibilitar que los alumnos, como futuros ciudadanos, reflexionen, construyan y pongan en práctica valores que faciliten la convivencia en sociedades plurales y democráticas. Nos referimos a valores que se traduzcan en actitudes de respeto y tolerancia, conductas participativas y de apertura al diálogo.



El desarrollo de las capacidades individuales y la posibilidad que la sociedad tenga para integrarlas y hacerlas funcionar en los proyectos colectivos, dará madurez y consolidación a las sociedades democráticas.



Cuando un país determinado se preocupa por mejorar su educación, está incrementando su potencial para generar progreso social y su capacidad transformadora en los aspectos individuales, políticos, culturales, tecnológicos, económicos y productivos. La educación juega un importante papel catalizador para que se dé la adaptación de la sociedad a los acelerados cambios que hoy en día se producen en cada uno de dichos aspectos.




Pero, siempre deberemos preguntarnos a que tipo de desarrollo aspiramos. Así, conviene aclarar que:
El concepto de desarrollo también está evolucionando y ha dejado de ser una concepción estrictamente economista para convertirse en un objetivo más aceptable un desarrollo humano y sostenible. Esta interpretación conlleva la necesidad de un cambio de mentalidad en todos los ámbitos sociales, un cambio que supone ent4er a la educación, formal y no formal, como parte intrínseca e indisociable del desarrollo. Un cambio en el que la educación tiene una función constructora, para el desarrollo humano y sostenible.




Así, debe superarse la idea del desarrollo económico sostenible que es en sí un oximoro (paradoja, antítesis que encierra en sí misma su nulidad: ladrón honrado, se es o no se es)
En el vértigo de la dinámica de mundialización de los intercambios en general, se atraviesa por las facetas de una sociedad de la comunicación y del conocimiento, con sus respectivos riesgos de “realidad mediática” y “de ruptura de continuidad en las actividades inveteradas”.




Es necesario revalorar el papel de la cultura en general, elevar el nivel promedio de la educación popular, hacer que la educación básica de calidad llegue a toda la población. Así los ciudadanos podrán comprender, crear y adquirir a lo largo de su vida nuevas competencias. Se trataría de crear ciudadanos capaces de asimilar innovaciones de tipo tecnológico y cambios económicos, sociales y culturales, asimismo ciudadanos responsables, democráticos y con capacidad crítica.




En tanto que los ciudadanos puedan tener acceso a más información y más elementos de análisis, pueden conocer mejor sus derechos y pueden participar de forma más autónoma. Mayores niveles de educación conllevan mayores controles y demandas políticas y económicas, como de ampliación del derecho al voto, mayores derechos sindicales, abolición del trabajo infantil, verdadera libertad de expresión.




El sistema educativo fomenta y sirve a la democracia en la medida en que se hace efectivo el derecho real a la educación básica y el ciudadano está en condiciones de participar con dignidad y equidad.

Se ha llegado al momento en que se debe cuestionar al conjunto de valores que permean el modelo de desarrollo actual, en la mayoría de los países, así como a las estructuras sociales y económicas de las que se reviste.




Utilitarismo, economicismo, individualismo, insolidaridad, competitividad agresiva y otros más, son en realidad antivalores, que como tales deben abandonarse en una nueva visión del desarrollo.
Un desarrollo humano, global y sostenible, deberá ser:

  • Socialmente más justo, solucionando marginación, pobreza, desigualdad
  • Solidario con las generaciones futuras
  • Integral, incluyente de los ámbitos personal y social
  • Respetuoso de la diversidad de alternativas
  • Económicamente viable en función de sus necesidades
  • De aplicación universal con mecanismos de cooperación internacional
  • Pacifista, con mecanismos democráticos

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