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Dr. José Vitelio García Maldonado

Los niños esos seres indefensos

Por: Benito Barradas

El panorama de la infancia desamparada es patético. El rostro más visible se encuentra en lo que se ha dado en llamar “los niños de la calle”. Esos seres indefensos que exponen sus vidas en la vía pública mostrando los daños terribles de la pobreza. Usted los conoce, son tragafuegos, malabaristas, limpiaparabrisas o solicitantes de limosnas.



Niños de la calle y no de una familia. Están en la calle, pertenecen a la calle, que los adopta y adapta con dureza, sin lazos de afecto, con desdén gubernamental. En lo más bajo de la escala social están los niños, las niñas y los adolescentes pobres.



Muy poco sirven los grandes adelantos científicos y tecnológicos, o la difusión de las ideas democráticas si como sucede hasta hoy, se extienden las brutales regresiones sociales, la exclusión, la explotación del trabajo y lo que es peor, el trabajo infantil con características de esclavitud.



Comencemos este recorrido por África, donde el tráfico de infantes es asunto de todos los días. Continente del hambre y el Sida, también padece la miseria y el desamparo social. En Costa de Marfil los niños de 10 a 12 años son vendidos en 55 dólares a los dueños de plantaciones de cacao. Y en Bangladesh, que se encuentra en Asia, los niños de 3 a 4 años de edad son sometidos al pesado trabajo de picar piedras, en jornadas de 12 horas diarias. Todos los días, de todos los meses, de todo el año, extenuados por el hambre.



Los datos proporcionados por la Organización de las Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF, por sus siglas, informan que en el mundo son más de 250 millones los niños que sobreviven en situaciones de esclavitud. Y estos niños habitan en Asia, África, América Latina, pero también en algunos países de la culta Europa, como España o Italia. En España se tiene un registro de 250 mil niños que sufren explotación y en Italia la cifra es mayor: 350 mil.



En este planeta, dicen los números de la Unicef, cerca de mil 200 millones de personas se encuentran en la indigencia y de éstas, un poco más de 600 millones son niños y adolescentes que pasan sus días en la miseria extrema. Hay que agregar que 1 millón 200 mil están afectados por el Sida. Enfermedad silenciosa, que cada día se extiende a 8 mil 500 seres humanos.
Millones de pobres, miserables. Y en el otro extremo, pocos multimillonarios. Las 200 personas más ricas del mundo disponen de una riqueza que sobrepasa el billón de dólares. En otras palabras, esos 200 magnates manejan 500 por ciento más dinero que los 582 millones de habitantes de los 43 países subdesarrollados del mundo.



No es todo. Los habitantes del Norte, brutal y acaparador de las riquezas del Sur, lo tienen todo o casi todo. Han llegado al hartazgo, a la degradación, al hastío. Necesitan emociones nuevas, diferentes. Para eso disponen de monedas fuertes y abundantes. Por eso se disfrazan de turistas y recorren los países pobres, para darle rienda suelta a sus bajos instintos. Les encanta la pedofilia. Claro está que estos turistas pervertidos cuentan con la protección de los gobiernos alcahuetes de diversas partes del mundo, que se hacen de la vista gorda y alientan el turismo sexual infantil.



Debo mencionar también el caso de los niños guerrilleros, o el de los niños soldados. Tan grave el primero como el segundo. Son los niños obligados a tomar las armas. La guerra como escenario. La vida como ofrenda y no como realización amorosa. En 87 países se reclutan menores de edad. Existen más de 300 mil niños y adolescentes convertidos en combatientes. Los países que realizan esta criminal práctica se encuentran lo mismo en el norte que en el sur. Se distinguen los Estados Unidos y Gran Bretaña, que han establecido los 17 años como edad mínima para el ingreso a sus fuerzas armadas, tal como lo demostraron en las recientes invasiones a Somalia, a los Balcanes, Afganistán e Irak. Es palabra de la ONU. Números de la ONU.



América latina también padece este mal. Los países envueltos en conflictos políticos severos, como Colombia, Perú, Paraguay o Bolivia, han echado mano de los niños para desarrollar sus acciones bélicas. En África no menos de 120 mil menores están involucrados en las guerras regionales, y en Asia cerca de 50 mil niños están militarizados.



Los episodios dramáticos de la niñez son abundantes. Miles de desastres humanos se han borrado de los libros de historia. Yo digo que los niños merecen vivir en un mundo lleno de amor, donde reine la paz. Los derechos humanos que sólo se pronuncian no son tales. Respetar todos los derechos humanos de los niños es una obligación de los adultos y del gobierno

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