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Dr. José Vitelio García Maldonado

El mañana también es pasado

Libros. Mañana también es pasado . Novela sociopolítica que describe la realidad mexicana antes y durante el cambio de partido en el poder, controlador de la presidencia de la república. México vive el cambio. ¿Será así?

Por: José Vitelio García

A veces es posible que uno se encuentre con alguna obra escrita, que además del mensaje del que es portadora, nos permita ver a trasluz las imágenes de ciertos personajes reales, que no son ciertamente los que presenta el desarrollo de la trama. Tal es el caso de Mañana también es pasado de Rafael Junquera Maldonado. (1)

Nos interesa comentar esta novela sociopolítica porque nos incumbe a todos los mexicanos.

México es un país que recientemente ha dejado el monopolio político de un solo partido electoral que poco a poco, en el lapso de 70 años, convirtió a la democracia mexicana en una especie de teatro arreglado. Si bien la creación de Plutarco Elías Calles (2) conjuntó a los múltiples partidos del país, desde el más moderado hasta el más radical en su momento, el Partido Revolucionario Institucional (PRI),devino en un instrumento de control político, para beneficio de un grupo cuasi-familiar.

La preocupación de muchos mexicanos actuales creció cuando advirtieron que poco a poco, el gobierno se fue llenando, no precisamente de los ciudadanos más honestos, no de los más éticos, ni de los más sinceros. Ciertamente hubo excepciones ilustres y sus nombres son recordados con respetuoso afecto por las capas populares de la nación.

“Cuando el río suena, agua lleva”, reza un dicho popular y fueron más de uno los funcionarios gubernamentales sobre cuyas conductas presentes y pasadas se especuló y rumoró algo incierto, algo turbio. Que si un Secretario de Educación Pública fue en su época de estudiante porro o golpeador; que si un gobernador hizo compras de materiales de construcción en beneficio de sus familiares para hacer obra pública en su periodo de ejercicio; que si un Presidente de la República consintió que sus familiares más cercanos realizaran tráfico de influencias para amasar grandes fortunas; etc. Cierto o no, fueron rumores que constituyeron motivo de comentario político a todos los niveles socioculturales.

Después de siete décadas, un buen porcentaje de electores mexicanos decidió que sería conveniente alternar partido político preponderante y en las últimas elecciones presidenciales favoreció al PAN con su candidato mass-mediático.

Un cambio que ciertamente no fue feliz, porque en el poder se instauró una ideología conservadora, sin conocimientos ciertos, ni interpretaciones racionales de la historia. Un presidente sin conciencia de la importancia de dirigir a una nación, pensando tal vez que sería empresa similar a dirigir la Coca-Cola instaurada en México. En fin, un régimen y un presidente que juzgan la realidad nacional con juicios superficiales y desatinados. En México, no sólo se acabó el presidencialismo, se derruyó también la institución del “primer mandatario de la nación”, que debe afrontar con seriedad su importante responsabilidad. Hay símbolos y tradiciones al respecto que deben respetarse porque todo grupo social necesita vínculos de identidad, como son, entre otros, el Escudo Nacional y los parlamentos consagrados en las ceremonias oficiales del gobierno.

El “águila mocha” —dice el pueblo— cuando ve los vestigios del Escudo Nacional en los distintivos de las dependencias federales, también recuerda las menciones que Fox hace de sus familiares antes que de los miembros del Congreso de la Unión cuando rinde su informe presidencial, o los agregados caprichosos a la evocación de los héroes nacionales en la ceremonia tradicional del Día de la Independencia.

Junquera Maldonado expresa entre los parlamentos de sus personajes una cruda realidad sociopolítica del régimen mexicano:

Así, analiza la relación periodista-gobierno: “Su crítica... hacía tambalear cualquier posición y ponía en riesgo carreras políticas. Ello es posible por el maridaje con el gobierno. Su columna se nutría de la información o tips que le proporcionaban funcionarios del primer nivel. Todo eso lo convirtió en el periodista más influyente del lugar, y dio pie a un egocentrismo que disimulaba con una estudiada modestia. Los políticos, sobre todo quienes se iniciaban en esta actividad, buscaban su amistad, por razones obvias” (p. 119)

Al hablar del ambiente electoral en el mundillo de los políticos, asienta: “Todo era recurrente. Se enfatizaban los vínculos con el obispo, con el gobernador o con las familias adineradas de la región. Cada quien presumía una real o supuesta cercanía con sus personajes. Todos creían estar enterados del mundo de la política. Se hablaba del proceso electoral que se estaba viviendo. Coincidían en señalar que las elecciones serían ganadas por un margen estrecho, pero que el triunfador sería el candidato oficial” (pp. 140-141).

Junquera Maldonado pone en boca de uno de sus personajes el siguiente juicio: “El candidato de la oposición ganó en las urnas y no sirvió de nada. El triunfador como siempre fue el candidato oficial quien triunfó gracias a las instancias oficiales que contaron los votos. Ahí se ultimó el gran fraude electoral y una vez más se frustró el intento de la ciudadanía por hacer respetar su voluntad” (p. 156).

Seguramente se refiere a los comicios en que compitieron Carlos Salinas de Gortari y Cuauhtémoc Cárdenas (hijo del expresidente de la República Lázaro Cárdenas), muchos analistas están convencidos de que éste último ganó, porque el conteo electrónico así lo mostraba, sin embargo, en el proceso, “se cayó el sistema” y cuando por otros medios se finalizó, el candidato ganador resultó ser Salinas de Gortari, aún en contra de la “Ley de los grandes números” que establece la lógica de las tendencias estadísticas.



En relación a la violencia política, “todo ha cambiado, amigo, los métodos son otros”, asienta Junquera en su obra a través de otro de sus personajes. A nosotros nos empuja a rememorar, entre tantos, el asesinato de Manlio Fabio Altamirano, gobernador electo del Estado de Veracruz, líder agrarista quien quedó acribillado por la balas de los pistoleros a sueldo, Lobillo y Cornejo. Este suceso que conmovió a la opinión pública en 1937, aconteció en una mesa del Café Tacuba, en la Ciudad de México, cuando el político veracruzano, en compañía de su esposa, tomaba sus alimentos. “Los políticos de ahora han cambiado mucho y las cosas ya no son tan directas. Ahora se fingen accidentes en carreteras; se espera con paciencia a que la víctima se vea obligada a hacer algún viaje y se realiza todo un operativo; se usan tractocamiones, trailers para cometer un atentado, se invade el carril, justo al momento que se detecta el carro donde viaja la víctima, para echársele encima y provocar la colisión. Todo queda en simple accidente de carretera” (p. 175). Nosotros agregaríamos que así desaparecieron entre otros, líderes disidentes de Petróleos Mexicanos, en la época de la Quina (máximo líder durante lustros, antes del régimen de Salinas de Gortari).

Sobre el político y sus riquezas, Junquera pone en boca de sus personajes las siguientes expresiones descarnadas: “Ya es algo normal y nadie se escandaliza por saber que alguien aprovechó un cargo público para volverse ostentosamente rico. No hay día que los medios de difusión no hablen de esos saqueos, sin que ninguna autoridad intervenga. La estructura judicial está concebida para evadir la responsabilidad en delitos patrimoniales. Y sólo se aplica cuando alguien cae en desgracia política” (pp. 197-198).

“En este país no se mueve ni la hoja de un árbol si no es por la voluntad presidencial. En sus manos está que haya o no democracia. La voluntad del presidente siempre ha estado por encima de la voluntad popular. Nuestro presidencialismo resulta tan poderoso que bien podría llevar en sí el germen de su propia destrucción” (p. 209). Así enmarca Junquera Maldonado el momento que dio paso al cambio político del año 2000 (2 de julio). Uno de sus personajes expresa: “Vivimos una gran incertidumbre. A todos nos preocupa que estos sean los últimos días del sistema político más duradero del mundo, menos a nuestro pinche presidente. A él parece importarle poco. Actúa como si fuera cómplice de esta gran conjura” (p. 211). ¿Quién en México no identificaría estos atributos con los del expresidente Ernesto Zedillo Ponce?

Hagamos algunas últimas reflexiones sobre la actual realidad sociopolítica de México y apoyémonos en algunas citas de nuestra comentada obra literaria.

“Lo cierto es que este cambio [para México] fue determinado en el corazón del gran imperio [norteamericano] y los medios de comunicación, sobre todo la televisión, supieron jugar su papel de encauzamiento e inducción. La conciencia nacional... ha sido suplantada por la televisión. Nuestra nación seguirá por mucho tiempo sin ningún futuro. Este le será impuesto por el peso de ese medio electrónico, quien es el gran aliado de esta nueva camarilla. Los anteriores gobiernos justificaban su permanencia en el poder por razones históricas y eso les daba de algún modo cierta legitimidad; luego llegaron los simuladores, la gente que era totalmente ajena a ese proceso y ahí se inició el derrumbe. Ahora llega al poder un grupo de empresarios transnacionales y aventureros de toda ralea, apátridas e ignorantes, para quienes la historia de una nación carece de sentido y quieren replantear los fines del Estado para desvirtuarlos y ponerlos a su servicio” (pp. 328-329). Nosotros vemos aquí la descripción puntual de Fox y su gabinete.

“Los índices de desempleo tampoco han descendido y todo indica lo contrario. En forma soterrada insisten en la participación de la iniciativa privada en los bienes energéticos de la nación. Ya fracasaron una vez ante el gran rechazo popular, pero no quitan el dedo del renglón, presionados por los grandes consorcios norteamericanos. No han cedido en su empeño de privatizarlas” (p. 330).

“Nuestros presidentes de la República son simples gerentes al servicio del imperio” (p. 331). Nosotros recordamos que los dos últimos del PRI fueron profesionistas de posgrado formados en universidades norteamericanas. El último, el actual, del PAN, con esfuerzos culminó su licenciatura en una universidad privada mexicana, su mayor éxito comercial fue haber sido la máxima autoridad administrativa del consorcio Coca-Cola. Así está el presente mexicano, desde el cual se otea un futuro indefinido y tal vez borrascoso.

Finalmente, Cristian López, coterráneo, joven amigo vital, comentaba respecto a la obra: “Empecé a hojearla, me interesó y terminé de leerla porque me gustó. Me pareció original porque empieza con dos personajes y después se va abriendo para meter en escena a otros sujetos actores de la política que nos son muy reales, porque son ciertos, tal vez cercanos.

Respecto al título yo diría que lo más adecuado hubiese sido “Hoy también es pasado”, porque aún seguimos viviendo lo que pensábamos que ya había quedado atrás. Esperamos que el futuro se componga y sea mejor”.

Sin haber pretendido aquilatar toda la trascendencia de esta obra escrita por Rafael Junquera Maldonado, si hemos querido subrayar su contenido de análisis sociopolítico que ubica al lector de forma amena y atrayente en un escenario que mueve a reflexión sobre el futuro que vivirá un conglomerado nacional de cien millones de personas, de cara ante el expansionismo rampante del imperialismo norteamericano.


1 JUNQUERA Maldonado, Rafael. Mañana también es pasado. Promexa. Grupo Patria Cultural. México 2003, pp. 360.
2 ELÍAS Calles, Plutarco. Político y general mexicano (1877-1945). Presidente de la República de 1924 a 1928.

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