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Dr. José Vitelio García Maldonado

Las chicatanas, ingrediente para un antojo delicioso

Por: Roberto Williams García

La hormiga chicatana

En junio, Huatusco recoge cantidades impresionantes de chicatanas, ingrediente para un antojo delicioso como salsa que en Xalapa la había probado y había oído que tales himenópteros llueven en el mes de San Antonio y San Juan... También ya había visto la imagen de la hormiga y su nombre tzicatana escrito en el códice Florentino, enciclopedia del saber mexicano concebida por Sahagún en el siglo XVI. Me faltaba presenciar su captura en las madrugadas y para eso viajé al sitio del Conejo Cimarrón, a Huatusco, el miércoles 4 de junio llegando al anochecer a la mansión singular, afrancesada de mi anfitrión Landa a quien ya había impuesto de mi visita.


En la noche, mientras mirábamos las noticias televisivas sonó el teléfono instruyéndome que a las 3 de la madrugada pasaría por mí La Gaviota para llevarme a un hormiguero y también me advirtieron que para librarme de las mordeduras debería llevar botas, sombrero y capa. De inmediato solicité auxilio a Adriana García Cabral, quien por conducto de su hijo Hun, me aprovisionó de una caperuza roja y cintas elásticas y mi anfitrión me facilitó el foco de mano. A la hora convenida desperté para abordar la camioneta destartalada manejada por un afable chofer cincuentón quien, en el recorrido de la vía asfaltada, me comentó que su mote provenía de haber sido , aquí, el rey de Carnaval recién llegado del puerto jarocho, casando luego con una genuina italiana que no gusta de las chicatanas a las que él se ha aficionado. A los 15 minutos traspusimos la verja de la Universidad de Chapingo y traspasamos una alambrada de púas para descender ligera cuesta enlodada, visualizando reflejos luminosos en torno a 4 personas a las cuales nos aproximamos. Eran chapingueros.


La Gaviota había conseguido bolsas de plástico y dentro de ellas introduje los zapatos atándome los tobillos con cintas elásticas y también con cintas me ceñí los puños de la camisa y me cubrí con la capa y el sombrero y envalentonado con mi remedo de traje espacial me posé en el hormiguero donde el pasto tonsurado vibraba por el movimiento de la hormigas. En el agujero los “soldados” trataban de impedir la salida de las chicatanas y regresaban a memes a las que había burlado la vigilancia. La actividad la miré gracias a la luz generada por un motor en auxilio a la cámara de video que manejaba el investigador de Chapingo... émulo de Maurice Maeterlinck. Embebido en la tarea de realizar un documental sobre las chicatanas, que destacan por el grueso abdomen que las vuelve culonas, nombre que reciben en Chiapas. En Guatemala son llamadas zompopo de mayo. El experto Gaviota consideró adversas las condiciones climáticas para que las chicatanas salieran de estampida seguidas por los lascivos zánganos. No era probable el espectáculo del vuelo nupcial al beso de los primeros rayos solares y regresé al aposento. En mis ropas pululaban los insectos de diversos tamaños sin mostrarse agresivos.


A decir de los lugareños, en la madrugada, debido al clima templado, las hormigas no embravecen tanto. No obstante, ellos llegan a los hormigueros cubiertos con botas, gorras y chamarras, cuidando de abotonarse bien la ropa para impedir las entradas y salvarse de las picaduras. Estuve el jueves en el mercado de Totutla, donde un campesino de Mata de Indio me informó que en su niñez su madre le enseñó a comer estas hormigas negras como las de Huatusco, ya que más abajo, las de Conejos, son amarillentas. Para capturarlas utilizan una lata de leche Nido llena de diesel con mecha de trapo y la encienden como candil que plantan al pie del hormiguero y la misma chicatana sigue la luz, le gusta lo brillante, lo que alumbra y sale del hoyo, del agujero. Salen corriendo entre 4 y 5 de la mañana. Apresuran la estampida sin esperar la luz solar, quienes no van a los hormigueros recogen las que hayan caído con los primeros rayos del astro rey y las llevan a los mercados regionales.


Gran cantidad de hormigas contemplé el viernes en la ciudad de Huatusco, cuya panza urbana, a 1,344 metros de altitud, asoma en el entorno de montañas sobradamente verdes. Ciudad plana de calles con nombres de puntos cardinales atravesada por dos avenidas paralelas, equidistantes, en cuya parte central se aviva el mercado con vendedores en las banquetas a cargo de grandes tinas de zinc y plástico donde revolotean las chicatanas. La tarde y noche anterior gruesos aguaceros cayeron en los suelos firmes sin provocar aluviones como fue en las cercanas Nogales y Ciudad Mendoza. La precipitación pluvial favoreció la abundancia de las chicatanas que se vendían a diez pesos el vaso mientras que por kilo el precio fluctuaba entre sesenta y ciento veinte pesos. La escasez obviamente elevará el costo.


Con el maná en nuestras manos llegamos al hogar del anfitrión, diplomático jubilado después de un treinteñal de servicios. En una mesa de la cocina pusimos el montón y empezó el desprendimiento de las pinzas siendo los “soldados”, hormigas sin alas, los que logran morder en un descuido. El anfitrión poeta, dos veces treinteñal, utilizaba pequeñas tijeras para lograr elegante mutilación. Durante el acto se descartan los zánganos, llamados meonas porque ocasionan mal sabor. Terminado el primer acto, se desprenden los himen, las frondosas membranas de los himenópteros y por último, se arrancan las patas e inclusive el tórax. Los abdómenes con apariencia de capulines van pasando al molcajete pata triturarlos como si se preparara guacamole; al machacado se le agrega chile de árbol, ajo y poca sal. La pasta se unta en la caliente tortilla o se prepara de maneras diversas. Antojito exquisito de la cocina huatusqueña.


Los lugareños van a los hormigueros de madrugada porque obtienen mejor cosecha cuando los himenópteros salen de sus hormigueros, muchas se estrellan en las luces del alumbrado, muchas son comidas por los murciélagos y muchas chicatanas fecundadas vuelven de inmediato a enterrarse. Existen tesis universitarias veracruzanas que aun no consulto. Por lo pronto apunto los motivos por los cuales me dijeron acuden los cazadores embozados a las minas de insectos armados de candiles rústicos siguiendo tácticas de cacería de tiempo inmemorial, en pos del alimento delicioso en la cocina regional cuyo simbolismo falta dilucidar. Hormiga ligada al sustento. En la mitología, la hormiga negra fue al cerro del sustento a buscar el maíz.

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