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Dr. José Vitelio García Maldonado

Universidad y realidad social

Una propuesta que sin olvidar la misión humanística de la institución, haría más práctica la formación profesional a la que propende la universidad

Por: José Vitelio García

La esencia de la universidad ha sido para John Henry Newman, la educación liberal; para Karl Jaspers, la ciencia como verdad en una comunidad de investigadores y discípulos; para José Ortega y Gasset, la cultura del grupo social dentro del cual está enclavada.



Ante estas posiciones, la formación profesional para que un individuo viva de ella, aparece como una actividad de segundo plano, casi vergonzosa, a la que la Universidad tiene que descender por necesidades prácticas.



La realidad de nuestros países ha obligado a una ‘mercantilización’ de la Universidad, dadas las finalidades que realmente persiguen la mayoría de los estudiantes. La Universidad llega a ser, asi, una institución educativa con ‘remordimientos de conciencia’.



La necesidad de ajustar la teoría con la realidad, obliga a dejar las construcciones ideales que cada vez están más alejadas de ésta, ya que no corresponden a las situaciones de hecho.



La causa de la ‘mercantilización’ de la Universidad no hay que buscarla en ella misma, sino en la sociedad de la que forma parte. La sociedad moderna se ha comercializado progresivamente, cada vez en mayor grado. La disminución de los hombres ‘independientes’, que no estaban vinculados a su trabajo personal como medio de vida, se asocia con el acelerado ritmo de los cambios sociales.



El trabajo especializado es ahora, además de una necesidad derivada del sistema de producción, el medio de vida de la mayoría de los hombres. Un tipo de trabajo que constituye el medio habitual de vida es precisamente una profesión, La profesión se ha convertido en el eje de vida del hombre, quien no es en última instancia, más que un trabajador intelectual que vende sus servicios.



De ello depende, fundamentalmente, su nivel económico y su status social, sus triunfos y sus fracasos.
De una muestra circunstancial, de 157 sociólogos se encontró que el 93% de los mismos realiza una actividad remunerada, sólo el7% no manifestó si trabaja. De la primera categoría, o sea de los que trabajan, 117 igual al 75% labora en la administración pública gubernamental y descentralizada, y 29 igual a un 8% trabaja en empresas privadas.



Sin embargo, a pesar de lo anterior, en cuanto la profesión supone la vinculación al trabajo, necesita también la aportación de cada hombre al esfuerzo de la sociedad entera. La profesión en estas condiciones, además de ser un medio para conseguir una renta personal o un conjunto de beneficios individuales, se configura como aspecto de una tarea común, en la que cada quien colabora en diversos puestos de trabajo. Un ideal aún no alcanzado ha sido la concepción del trabajo como una misión social en beneficio de la comunidad. La tarea de educar profesionales con ese espíritu, es una noble y digna labor de la Universidad.



El mundo en que vivimos necesita de una clara conciencia del valor social del trabajo. La educación para una profesión no debe tener un fin utilitario y egoísta, sino una plenitud de significado ético y social. No puede comprender sólo el conjunto de conocimientos y técnicas necesarias para un trabajo determinado; debe enseñar, además, cuál es la misión social de esa profesión, qué valor tiene en el conjunto de las tareas sociales y cuál su contexto humano.



La preparación científica y técnica de tipo profesional, la información social que requiere cada profesión y la educación general que pueda darse al margen de su aplicaciónprofesional, deben ser los fines de la educación universitaria.



Se supone que las profesiones universitarias exigen una alta preparación y que en su ejercicio cuenta especialmente el trabajo intelectual y no el mecánico. Muchas de ellas son además “patentadas”, ya que no pueden ejercerse más que por los que ostentan el correspondiente título universitario, cuya función, cuando menos en teoría, es garantizar la competencia de su detentador.



Las exigencias profesionales de sociedades como la nuestra, hacen que las rígidas categorías de antaño tiendan a ser abiertas en distintas gradaciones, tales como técnicos de nivel medio, licenciaturas y postgrados. Asimismo, surgen nuevas profesiones que antes no requerían una formación especializada.



La Universidad forma hoy a hombres, cuya actividad profesional se va a ejercer en el futuro. En un cálculo normal, el profesional universitario se desenvuelve activamente cuarenta años promedio. En ese lapso, tiene que afrontar numerosos y a veces radicales cambios en su área de conocimiento. Incluso, es posible que esas transformaciones le obliguen a modificar su primitiva orientación profesional y que dentro de ciertos límites, tenga que adaptarse a otro tipo de trabajo.



Sin embargo, la Universidad no enseña más de lo que hoy se sabe y en la forma en que hoy se conoce. Puede atisbar, con riesgo de equivocarse, sobre lo que puede ocurrir en el porvenir. No puede, en cambio, adivinar el futuro. Consecuentemente, la enseñanza siempre está en atraso, respecto a la preparación que necesita el profesionista.


En algunos países, como EUA, se ha calculado que los conocimientos que un profesionistaobtiene de las aulas sólo le sirven plenamente durante los primeros ocho años de su carrera.



Si a lo anterior agregamos que, muchas veces, el docente universitario no ha realizado nada concreto y relativo a su preparación profesional, veremos que los esquemas de conocimiento y de interpretación de la realidad que da a sus alumnos, la mayoría de las veces no son funcionales en la vida práctica.



De una muestra de 147 sociólogos que trabajan, se encontró que aproximadamente sólo ocho realizan docencia a niveles universitarios, o sea que sólo un 5% de los mismos pueden vincular la práctica profesional con la docencia. Profesores de tiempo completo que se encierran en sus laboratrios y gabinetes, profesores de materia que se llenan de horas de clase, tanto uno como otro se aíslan de la realidad. El primero, indudablemente, hará un trabajo de mayor calidad, pero tal vez de difícil aplicación a una situación como la nuestra. El segundo, sólo se limitará a su labor rutinaria, corriendo el riesgo de anquilosarse más rápidamenteen su conocimiento.



El universitario, tanto profesor como estudiante, debe conocer la realidad. Sobre esta premisa creemos que los planes de estudio deberán estar sujetos a constante revisión, y estructurarse con la participación de maestros, estudiantes y egresados que no precisamente ejerzan la docencia, pero sí su profesión en la práctica.



Aquí debemos apuntar que el profesor a quien nos referimos, debe ser alguien que demuestre realizar prácticamente su actividad profesional. Que no esté saturado de horas de clase o que no se le permita, por una disposición administrativa, participar en las actividadesde su profesión fuera de la Universidad. El estudiante que participe en la elaboración de planes de estudio deberá ser aquel que bajo una serie de prácticas de campo, científicamente estructuradas, esté durante periodos regulares en contacto con la realidad, para poner a prueba los conocimientos teóricos que sus profesores le hubiesen dado. Confrontará la teoría con la práctica, cuando menos en dos periodos durante un año lectivo normal. Después, regresaráal aula a presentar sus inquietudes al profesor, para aclarar dudas y pedir conocimientos que le ayuden a resolver los problemas que en su práctica de campo se le hubiesen presentado.
Las materias, de esta manera, se estructurarían con los temas requeridos por el alumno-investigador, con la participación del profesor vinculado con la realidad laboral de su área. La orientación misma de la clase requeriría de rectificaciones.



A través de los cuerpos colegiados de su especialidad, el profesional egresado puede contribuir, regresando a la institución que le formó, algo del beneficio que recibió. De esta manera, los Colegiosde Profesionales pueden sugerir temas y prácticas que deban llevarse a cabo por los estudiantes y profesores de las escuelas profesionales; organizar prácticas de estudio y de investigación en las áreas donde estén ubicados los egresados miembros del Colegio, participar en trabajos académicos de discusión sobre aspectos prácticos de la profesión, coadyuvaren la solución de los problemas que se presentena los pasantes de la carrera.



La marcha académica de una institución que depende en mucho del contenido y de la estructura de los planes de estudio es, en consecuencia, una responsabilidad conjunta, de docentes, estudiantes y profesionales egresados de la misma.



RECOMENDACIONES

I.- Es necesario frenar la mercantilización de la Universidad, revisando periódicamente los planes de estudio de las distintas carreras, con el objeto de una existencia equilibrada dentro de ellos, de las siguientes áreas: preparación científica y técnica de tipo profesional, formación social específica para cada profesión y educación general.



II.- Se propone que los profesores de las especialidades universitarias y en general de las instituciones de nivel superior, trabajen en el área de la materia que imparten, con el objeto de que conozcan prácticamente los problemas de su profesión en todos sus aspectos y no caigan en una teoríapura o en una práctica docente que no refleje las necesidades reales del profesional mexicano.



III.- Se propone que los cuerpos colegiados de profesionales intervengan en cooperación con las instituciones de enseñanza superior, en la elaboración de los planes de estudio; ya que su actividad les vincula con las necesidades prácticas del área de ejercicio profesional.



IV.- Se propone que los estudiantes que participen en laelaboración de los planes de estudio, hayan realizado prácticas de campo que les hubiesen permitido medir el grado de aplicación práctica de los conocimientos obtenidos en el aula.



V.- Se sugiere que los planes de estudio se estructuren de manera que un periodo de formación en las aulas, vaya seguido inmediatamente de otro en donde se realice por parte del alumno, la aplicación de los conocimientos que sus profesores le hubiesen impartido. Cuando menos dos periodos de dicha práctica son necesarios en cada año lectivo.



VI.- Se sugiere que las instituciones de enseñanza superior permitan una mayor participación académica de sus egresados, a través de los colegios de profesionales, en diversas actividades vinculadas con el área laboral, ya que esto repercutiría en la funcionalidad de la docencia para una realidad como la de nuestro país.

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