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Dr. José Vitelio García Maldonado

Iberoamericanismo según José Vasconcelos

Por: José Vitelio García

Resumen: En esta época de
globalización, los países iberoamericanos reciben aún más que en otros tiempos
la influencia norteamericanizante (estadounidense).

Es interesante conocer algunas de las tesis que sobre este tema y con el título
de Iberoamericanismo, escribiera un mexicano conspicuo de fines del S. XIX y
principios del S XX, José Vasconcelos, hombre de la época revolucionaria,
académico y político, creador del concepto de la Raza Cósmica, en defensa del
mestizaje iberoamericano que pobló este continente.



Como es sabido, Iberoamérica comienza desde el Río Bravo hacia el Sur hasta
la Patagonia, pero la confrontación de culturas que históricamente se ha dado
entre la Angloamérica y sus vecinos del sur, es ahora tan evidente como antaño.


A partir del surgimiento de los países de cultura hispana, desde la primera
mitad del siglo XIX, la antigua Nueva España (México) significó una barrera
inicial a la influencia angloamericana (estadounidense) hacia el resto de
Iberoamérica.

Ahora esto ya no existe más, a raíz de la firma y consecuente
operación del tratado de Libre Comercio entre México y EEUU. Se ha operado una
globalización imparable, que muchos sociólogos mexicanos interpretan como una
norteamericanización.

Este proceso se vislumbró, por algunos estudiosos, desde
que los últimos presidentes mexicanos siendo profesionistas de cultura
universitaria, obtuvieron sus posgrados en universidades norteamericanas (
Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo Ponce de León, ambos postulados por
el PRI partido que controló el poder político durante siete décadas
aproximadamente) caso distinto fue Vicente Fox Quezada quien en escasos meses
anteriores a su postulación obtuvo grado de Licenciatura, habiendo sido alto
directivo de la empresa estadounidense The Cocacola Company (ahora primer
presidente surgido del PAN).

Actualmente México, con un segundo presidente
panista, cuenta con un sector agrícola despedazado, cultivos cuasi abandonados
como el maíz, el café y la caña de azúcar, por mencionar algunos, asimismo
importa frijol, arroz y otros productos del campo. Los campesinos mexicanos se
han convertido en migrantes hacia EEUU, en donde son mal vistos y marginados.
Viven a salto de mata, a veces son cazados y como ilegales ahora tienen que
atravesar una frontera militarizada y con vallas metálicas en varios miles de
kilómetros.

México, otrora Nueva España contó con la Real y Pontificia
Universidad hecha con el modelo de la Universidad de Salamanca España, cuando
los estadounidense no pasaban de ser las trece incipientes colonias de
inmigrantes europeos.

Ahora 50 millones de mexicanos viven en condiciones de
pobreza y algunos de ellos en pobreza extrema, otros 6 millones de ciudadanos
son analfabetos, la mayoría indígenas y su condición de entes prehistóricos se
ve atosigada por una machacante presencia mediática de propaganda que postula a
la “american way of life” como el único escenario de vida desarrollada.

A lo
anterior se agrega un alto porcentaje de instituciones de educación superior,
tanto públicas como privadas, que han copiado de manera extralógica los modelos
educativos norteamericanos instruccionales y eficientistas, con visión
instrumentalista y que olvidan las dimensiones epistemológicas e ignoran los
contextos concretos donde se produce la práctica educativa.

 


1José Vasconcelos (1882-1959).
Escritor, filósofo y político mexicano. Rector de la Universidad de México en
1920. Ministro de Educación Pública en 1921-1924. Candidato a la Presidencia
de la República. Primer presidente del Instituto Mexicano de Cultura
Hispánica.

 


Ante una realidad como ésta y en la posibilidad de hurgar la obra escrita de
algunos conspicuos mexicanos, encontramos ideas y tesis con las cuales
pudiésemos estar de acuerdo o discrepar, pero que de todos modos es interesante
conocer, ya que nos mueven a reflexión, tal es el caso de José Vasconcelos1 
y su tesis desarrollada en el opúsculo “La Raza Cósmica” publicada por Espasa
Calpe en Barcelona 1925 y Buenos Aires 1984.

Posteriormente al descubrimiento de América, Vasconcelos habla de un
predominio latino, cuando dice “ni España ni Portugal permitían que a sus
dominios se acercase el sajón” ni para guerrear, ni tan siquiera para tomar
parte en el comercio. “El predominio latino fue indiscutible en los comienzos.
Nadie hubiera sospechado, en los tiempos del laudo papal que dividió el Nuevo
Mundo entre Portugal y España, que unos siglos más tarde ya no sería el Nuevo
Mundo portugués ni español, sino más bien inglés”.

Nadie hubiera imaginado que los humildes colonos establecidos en las riberas
de los ríos Hudson y Delaware poco a poco se irían expandiendo, presionando a
las naciones que les ayudarían a liberarse del control inglés. Francia y España
fueron los primeros países que vieron mermadas sus posesiones en América del
Norte. La Louisiana y las Floridas fueron adquiridas en su momento por gestiones
diplomáticas. Después tuvieron el campo abierto para lanzarse sobre México, que
ya sin ser la Nueva España y sin formar parte del Imperio Colonial español fue
presa del expansionismo anglosajón.

Para Vasconcelos, esa pugna de latinidad contra sajonismo, sigue “siendo en
nuestra época, pugna de instituciones, de propósitos y de ideales. Crisis de una
lucha secular que se inicia con el desastre de la Armada Invencible y se agrava
con la derrota de Trafalgar”.

Aunque el conflicto comenzó en Europa, éste empezó a desplazarse y se
trasladó al nuevo continente en donde tuvo episodios fatales. “Las derrotas de
Santiago de Cuba y de Cavite y Manila son ecos distantes pero lógicos de las
catástrofes de la Invencible y Trafalgar”.

Esto es así, agrega Vasconcelos, porque “en la historia, los siglos suelen
ser como días, nada tiene de extraño que no acabemos todavía de salir de la
impresión de la derrota. Atravesamos épocas de desaliento, seguimos perdiendo,
no sólo en soberanía geográfica, sino también en poderío moral. Lejos de
sentirnos unidos frente al desastre, la voluntad se nos dispersa en pequeños y
vanos fines. La derrota nos ha traído la confusión de los valores y los
conceptos; la diplomacia de los vencedores nos engaña después de vencernos”;
además nos conquistan con las pequeñas ventajas del comercio.

“No sólo nos derrotaron en el combate, ideológicamente también nos siguen
venciendo”. Para Vasconcelos la mayor de las batallas se perdió “el día en que
cada una de las repúblicas ibéricas se lanzó a hacer vida propia, vida desligada
de sus hermanos, concertando tratados y recibiendo beneficios falsos, sin
atender a los intereses comunes de la raza. Los creadores de nuestro
nacionalismo fueron, sin saberlo, los mejores aliados del sajón, nuestro rival
en la posesión del continente”.

Después de que todas las ventajas estaban de parte de los iberoamericanos en
el Nuevo Mundo, ya que España había dominado la América, “la estupidez
napoleónica fue causa de que la Louisiana se entregara a los ‘ingleses del otro
lado del mar’, a los yanquis, con lo que se decidió a favor del sajón la suerte
del Nuevo Mundo”. Napoleón “el genio de la guerra” no miraba más allá de las
miserables disputas de fronteras entre los estados europeos, no advirtió que la
causa de la latinidad que él pretendió sostener, fracasó el mismo día de la
proclamación del Imperio. “La traición de Napoleón a los destinos mundiales de
Francia, también hirió de muerte al Imperio español de América en los instantes
de su mayor debilidad. La gente de habla inglesa se apoderó de la Louisiana sin
combatir y reservó sus pertrechos para la ya fácil conquista de Texas y
California”. “Sin Napoleón no existirían los estados Unidos como imperio mundial
y la Louisiana todavía francesa, tendría que ser parte de la Confederación
Latinoamericana. Trafalgar entonces hubiese quedado burlado”. Sin poder tomar
como base las riberas del Misisipi, los yanquis no hubieran llegado hasta el
Pacífico, tal vez se hubiesen quedado en una especie de Holanda transplantada a
la América “y el Nuevo Mundo sería español y francés, Bonaparte lo hizo sajón”.

Respecto a nuestras guerras de Independencia, Vasconcelos dice que “nos
rebelamos contra el poder político de España y no advertimos que, junto con
España, caímos en la dominación económica y moral de la raza que ha sido señora
del mundo desde que terminó la grandeza hispana”.

Nuestra guerra de
emancipación significó una crisis peligrosa “en México, fuera de Francisco
Javier Mina, casi nadie pensó en los intereses del continente, el patriotismo
vernáculo estuvo enseñando durante un siglo que triunfamos de España gracias al
valor indomable de nuestros soldados y casi ni se mencionan las Cortes de Cádiz,
ni el levantamiento contra Napoleón que electrizó a la raza, ni las victorias de
los pueblos hermanos del continente”. Aquí reflexionamos: bien se pudo haber
trabajado en las Cortes de Cádiz para organizar una Federación Castellana.

Respecto a los conquistadores hispanos, Vasconcelos afirma que “los españoles
fueron al Nuevo Mundo con el brío que les sobraba después del éxito de la
Reconquista. Los hombres libres que se llamaron Cortés y Pizarro y Alvarado y
Belalcázar no eran césares ni lacayos, sino grandes capitanes que al ímpetu
destructivo adunaban el genio creador. En seguida de la victoria trazaban el
plano de las nuevas ciudades y redactaban los estatutos de su fundación. Más
tarde, a la hora de las agrias disputas con la Metrópoli, sabían devolver
injuria por injuria, como lo hizo uno de los Pizarros en un célebre juicio.
Todos ellos se sentían los iguales ante el rey, como se sintió el Cid, como se
sentían los grandes escritores del siglo de oro, como se sienten en las grandes
épocas todos los hombres libres”.

En relación a los latinoamericanos, Vasconcelos expresa su pesar: “En cambio,
nosotros los españoles, por la sangre, o por la cultura, a la hora de nuestra
emancipación comenzamos por renegar de nuestras tradiciones; rompimos con el
pasado y no faltó quien renegara la sangre diciendo que hubiera sido mejor que
la conquista de nuestras regiones la hubiesen consumado los ingleses. Palabras
de traición que se excusan por el asco que engendra la tiranía, y por la
ceguedad que trae la derrota. Pero perder por esta suerte el sentido histórico
de una raza equivale a un absurdo, es lo mismo que negar a los padres fuertes y
sabios cuando somos nosotros mismos, no ellos, los culpables de la decadencia”.

En el escrito de Vasconcelos encontramos una reflexión que nos conduce al
iberoamericanismo. “Nosotros no seremos grandes mientras el español de la
América no se sienta tan español como los hijos de España. Lo cual no impide que
seamos distintos cada vez que sea necesario, pero sin apartarnos de la más alta
misión común. Así es menester que procedamos, si hemos de lograr que la cultura
ibérica acabe de dar todos sus frutos, si hemos de impedir que en la América
triunfe sin oposición la cultura sajona. Inútil es imaginar otras soluciones”.

Una última reflexión en esta época de globalización, “el estado actual de la
civilización nos impone todavía el patriotismo como una necesidad de defensa de
intereses materiales y morales, pero es indispensable que ese patriotismo
persiga finalidades vastas y trascendentales”.

Como colofón agregaremos que
Vasconcelos como asesor que fue de Francisco I. Madero, iniciador de la
Revolución de 1910, creó el lema “Sufragio efectivo. No reelección” para
substituir el correspondiente “Sufragio libre” surgido desde la Reforma y que
permitió el establecimiento del Porfiriato, entre otras situaciones políticas.


También fue idea suya el escudo de la Universidad Nacional Autónoma de México
(UNAM ) . Una ave bicéfala con una cabeza de águila mesoamericana y otra de
cóndor sudamericano. En el centro un escudo con el mapa de iberoamérica desde el
Río Bravo hasta La Patagonia y una leyenda periférica al mismo, “Por mi raza (su
concepto de Raza Cósmica, la mestiza, la de mezcla de culturas cuya riqueza en
este campo garantiza un futuro promisorio) hablará el espíritu “ (
Iberoamericano que fue uno de sus conceptos rectores ).

Otras ideas más
podemos encontrar en el ensayo de José Vasconcelos, pero ha sido nuestra
intención, por su trascendencia actual, presentar para algún posible lector esta
tesis sobre iberoamericanismo.

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