Vitaelius

!Voz Veracruzana en Internet!

Dr. José Vitelio García Maldonado

Democracia y política.

Por: José Vitelio García

Abordar el tema de la Democracia, nos lleva a evocar su origen asociado al término Política. Ambos vocablos formulados conceptualmente por los pensadores de la trascendental cultura Griega. Humanistas filósofos que en su reflexión volcada a su mundo de grandeza cultural, los llevó a delimitar significados tendientes con mucho, a la utopía.

Muy posteriormente, en la historia de la humanidad, la filosofía de la democracia del siglo XVIII aseveraba que “método democrático es aquel sistema institucional de gestación de las decisiones políticas que realiza el bien común, dejando al pueblo decidir por sí mismo las cuestiones en litigio mediante las elecciones de los individuos que han de congregarse para llevar a cabo su voluntad”.

Aparentemente todo correcto. Veamos:
Se sostiene que el bien común es como un faro orientador de la política, que es fácil de definir y que puede percibir toda persona normal a través de una argumentación racional. Sólo la ignorancia, la estupidez o algún turbio interés antisocial lo impedirían.
Por otra parte, este bien común implica respuesta definida a todas las cuestiones, de tal suerte que todo hecho social y toda medida adoptada puede claramente identificarse como algo “bueno” o “malo”. Por lo anterior, como todo mundo estaría de acuerdo, al menos al principio, se presupone una voluntad común del pueblo, de todos los individuos con uso de razón.

Así, cada miembro de la comunidad, sabiendo lo que quiere y discerniendo lo que es bueno, toma parte activa y responsable, en el fomento del bien y en la lucha contra el mal y todos juntos fiscalizan los negocios públicos.
Cierto es que la dirección de algunos de estos negocios requieren aptitudes y técnicas específicas y por lo tanto han de ser confiados a diversos especialistas. También será conveniente que para las decisiones importantes los ciudadanos se pronuncien individualmente mediante un referéndum y en las demás cuestiones a través de un cuerpo de representantes elegidos por sufragio popular.

Empero, no todo es miel sobre hojuelas. Veamos:
En primer lugar, no hay una concepción unívoca del bien común, ya que para los distintos individuos y grupos, el bien común significa cosas diferentes.
En segundo lugar, aun cuando resultase aceptable para todos un bien común suficientemente definido, eso no implicaría respuestas igualmente definidas para los problemas singulares.
En tercer lugar y como consecuencia lógica de las consideraciones anteriores, la voluntad del pueblo como voluntad general, se desvanecería.

En la práctica todo el mundo tendría que saber de un modo preciso que es lo que quiere defender. La precisión de estas voliciones tendría que fundarse en la capacidad para observar e interpretar correctamente los hechos que son directamente accesibles a cada uno para pasar por el tamiz de la crítica,la información de los mismos.

En la realidad vemos con frecuencia que las decisiones políticas que un gobierno toma, no concuerdan con “ lo que el pueblo quiere realmente”.

Un gran capítulo aparte lo constituyen las voliciones de los votantes, su capacidad de observación e interpretación de los hechos y su aptitud para decidir de una manera clara su conducta electoral. Conjunto de conocimientos que nos muestra la naturaleza humana en la política.

Gustavo Le Bon, primer exponente efectivo de la psicología de las multitudes, puso de manifiesto las realidades del comportamiento humano bajo la influencia de la aglomeración, especialmente la súbita desaparición, en un estado de excitación, de los frenos morales y de los modos civilizados de pensar y de sentir; la súbita erupción de impulsos primitivos, de infantilismos y tendencias criminales.
Al enfrentarnos con hechos siniestros que todo el mundo conocía, pero que nadie quería ver, dio al traste con la concepción de la naturaleza humana en la que se basa la teoría clásica de la democracia directa y también de paso modificó la creencia popular democrática acerca de las revoluciones.

Los riesgos no paran en la turba, ya que como se ha visto en la realidad, todo parlamento, toda comisión, todo consejo de guerra integrado por individuos sexagenarios, muestra, aunque sea de forma atenuada, alguno de los rasgos que aparecen tan claramente en las multitudes; un sentido de responsabilidad disminuido, un nivel inferior de energía intelectual y una sensibilidad mayor para las influencias extralógicas.

Por si lo anterior fuera poco, habrá que decir que estos fenómenos de conducta no quedan restringidos a una aglomeración física de gente. Los lectores de periódicos, los radioescuchas, los televidentes, los integrantes de un conjunto de charla por Internet, todos ellos tienen una enorme facilidad para transformarse en una multitud psicológica.

En otra vertiente advertimos que los ciudadanos como consumidores, generalmente no definen bien sus necesidades y las acciones consecuentes son apresuradas y casi irracionales. Se hacen sensibles a la influencia de la propaganda y de otros métodos de persuasión que a menudo parece que los productores manejan como títeres a los consumidores. La técnica de la propaganda de éxito es particularmente ilustrativa. Así una simple afirmación repetida con frecuencia, tiene más peso que un argumento racional y otro tanto ocurre con el ataque directo al subconsciente que evoca y cristaliza asociaciones de naturaleza plenamente extrarracional.

Aún en el contexto de la democracia se conocen casos de elecciones que por influencia de los mass media han llevado a las primeras magistraturas a personajes vacuos, sin cultura, sin formación política y no pocas veces sin identidad nacional.

Por lo que se ve, la sumatoria de las conductas individuales, normalmente no corresponde a una voluntad general. El ciudadano particular es miembro de una comisión incapaz de funcionar, de la comisión constituida por toda la nación. Invierte menos esfuerzo disciplinado en dominar un problema político que en jugar una partida de naipes.El debilitamiento del sentido de responsabilidad y la falta de voliciones efectivas explican la ignorancia del ciudadano común y corriente en cuestiones de política nacional. El ciudadano normal cae a un nivel mental ínfimo cuando se adentra en el campo de la política.

Aún cuando no hubiese grupos políticos que tratasen de influir sobre el ciudadano, éste tendería en la cuestión política, a someterse a prejuicios e impulsos extrarracionales o irracionales.

También se advierte que cuanto más débil sea el elemento lógico en la formación de la opinión pública y ante la falta de una crítica racional, mayores son las oportunidades para que intervengan grupos de interés parcial, en el proceso político ( agitadores de tiempo completo, defensores de un interés económico, extremistas de uno u otro signo o individuos con interés personal y egoísta por detentar el poder) .
Los procedimientos para fabricar la imagen de un candidato o para propiciar una conducta política determinada, son exactamente los mismos que se emplean en la propaganda comercial. Los mismos esfuerzos por llegar a un contacto con lo subconsciente, la misma técnica para crear asociaciones favorables o desfavorables, las mismas evasivas y reticencias, el mismo ardid para crear un convencimiento a fuerza de afirmaciones reiteradas, todos estos subterfugios tienen éxito en la medida en que evitan la argumentación racional. Desafortunadamente todas estas estratagemas tienen más alcance en el ámbito público que en la esfera de la vida privada.


En las últimas campañas electorales, sobre todo en las presidenciales, el ciudadano mexicano tuvo que soportar una serie de mensajes que trataron de llegar a las esferas de su subconsciente. Así, se emplearon técnicas tratando de crear situaciones favorables o desfavorables a los candidatos en turno, que fueron eficaces para aumentar o disminuir el voto a favor o en perjuicio de los candidatos, respectivamente, en la medida en que fueron menos racionales.

A fuerza de afirmaciones reiteradas, se evitó la argumentación racional y el uso de las facultades críticas del pueblo. En materia política la llamada “ información eficaz “ casi siempre está adulterada y seleccionada tendenciosamente, de manera que con una falaz afirmación se llevan a la categoría de axiomas, argumentaciones deleznables e informaciones falsas.
Visto así el concepto de democracia no termina en ser algo concreto y sólo queda como un concepto de lo ideal y mejor dicho como parte de un orden ideal de cosas, de la “res pública”, de la República, en este caso la Mexicana.


Por eso, la teoría clásica de la democracia se ha adaptado efectivamente a los hechos, con un suficiente grado de aproximación.

La sociedad mexicana ha resistido hasta dictaduras como la porfirista que cubría el expediente de reelecciones con el apoyo del principio emanado de la Constitución de 1857, del Sufragio Efectivo.
El siglo XX preponderantemente fue el gobierno de un partido hegemónico en cuyo interior se dirimían las diferencias y las controversias. Ese partido tuvo su origen en la conjunción de un buen número de partidos de diversas ideologías organizadas en corrientes que se manifestaron después de la lucha armada denominada Revolución.
Mexicana.
Cuando las controversias se volcaron al exterior del partido, surgieron poco a poco y se fueron consolidando diversos partidos disidentes con fuerza propia. Octavio Paz lo vislumbró en su obra El Ogro Filantrópico al afirmar que la lucha entre diversos partidos se daría en México, cuando el propio partido hegemónico se partiese en dos o más fracciones objetivamente diferentes.
La democracia al interior de un partido único, realmente actuante, hizo manifestar al célebre escritor peruano Mario Vargas Llosa, que en México existía la dictadura perfecta, con fachada de auténtica democracia. La oscilación entre el ideal democrático y la democracia real se daba al interior del partido preponderante y las cosas se arreglaban permitiendo una estabilidad sociopolítica y económica que fue reconocida por propios y extraños. El lapso comprendido entre 1935 y 1982, cuando el PIB creció a una tasa promedio de 6.1%, permitió hablar del Milagro Mexicano, dando pié a que políticos y analistas extranjeros llegaran a hablar del Modelo Mexicano. Así lo consignó Dante Caputo ex ministro de gobierno en Argentina, en uno de sus ensayos.

En naciones como la nuestra, en donde las huellas del colonialismo fueron profundas y persistentes, las oposiciones rara vez consiguieron victorias reconocidas, hubo necesidad de estallidos violentos. En el S. XIX la Guerra de Reforma que significó un avance democrático contra el conservadurismo político clerical, como impulso fue sepultado parcialmente por el denominado héroe de la paz porfiriana. Otra guerra intestina que costó un millón de vidas mexicanas hizo aflorar los ideales de una vida más justa para los más débiles, los habitantes del agro y del medio rural. Objetivo que no se logró porque se pospuso indefinidamente y poco a poco se le sacrificó para apoyar a otros sectores que fortalecieron a la burguesía nacional. El propio partido en el poder fue trastocando sus ideales programáticos por una convivencia y apertura hacia el neoliberalismo económico, un nuevo dejar hacer y dejar pasar, hasta llegar al desequilibrio socioeconómico de nuestro país. De hecho no se advirtió siquiera un cambio entre la tónica política de las últimas administraciones del partido hegemónico y las de otro partido que durante décadas sólo fue un membrete auspiciado. Así México ha devenido a ser una nación que tiene entre sus habitantes al hombre más rico del mundo, junto a 40 millones de pobres a nivel dramático. Durante el período 1983-2006 el PIB sólo creció a una tasa media de 2.4% anual.

La anhelada democracia en México, ha oscilado entre el ideal inalcanzable y la realidad paradójica de desigualdad. Las generaciones jóvenes emigran, más ahora que México vive su “bono demográfico” difícilmente aprovechable. El Consejo Nacional de Población, nos dice que durante tres décadas en el país, habrá aproximadamente 16 personas en edad de trabajar por cada 10 que sean niños menores de 15 años o personas mayores de 60. Esta riqueza poblacional podría aprovecharse si en ese lapso hubiera empleo de calidad, ahorro e inversión en el país.


En México, como en varios países de América Latina, el estado se ha achicado, tanto que ya no sirve para democratizar. El fracaso del modelo neoliberal en extender los beneficios de la economía de mercado a todos los ciudadanos emerge como una causa central en la crisis de los valores democráticos. El dogma neoliberal de que un estado más pequeño permitirá que florezca la iniciativa individual, se ha manifestado como una soberana mentira. Así se va perdiendo la fe en la democracia.

Ahora bien,….. ¿ que podríamos otear hacia el horizonte, que significara una posibilidad de vida democrática aceptable, más avanzada hacia el ideal, pero que incida en una realidad que hoy por hoy es un mar de desesperanza.?.......... Yo sólo veo un islote: La educación.

Una revolución educativa que cambie mentalidad del profesorado, reencauce programas educativos, revise metodologías didácticas, trastoque las mentalidades de los administradores educativos, porque ya es un axioma en las ciencias sociales que “todo pueblo, toda nación, llegará tan lejos como se lo permita su educación”. Como movimiento iconoclasta tendrá que realizarse a marchas forzadas para que se concrete en poco tiempo. Así podría objetivarse una Auditoría de la Democracia en donde el control surgiese del mismo pueblo nuestro, ya instruido y educado .

visitas 916 desde 26 de marzo de 2008

Copyright © 2017 Vitaelius.com | CSS and XHTML | Powered by Condominioweb.net | Buscar