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Dr. José Vitelio García Maldonado

Envejecimiento de la población. -El caso de Cuba-

Por: José Vitelio García

Los estudiosos de temas demográficos, coinciden en afirmar que una de las características básicas del recién iniciado siglo XXI es el envejecimiento de la población mundial .

Dentro de la gama de fenómenos poblacionales, no se conoce circunstancia análoga en universos distintos al humano, como lo es el reino vegetal o el mundo de los animales irracionales, cuando menos no de manera espontánea.
En el caso de la especie humana tampoco se había detectado, mientras el hombre no interrumpió de algún modo su ciclo reproductivo natural. Es hasta mediados del S. XIX cuando le fue posible iniciar el control de su propia reproducción.

Es conveniente aclarar ante cierta confusión conceptual, que el envejecimiento no significa simplemente el aumento del número de adultos mayores –personas que superen los 60 ó 65 años de edad- ya que el elemento clave que lo caracteriza es el incremento de la tasa de ancianos, o sea el aumento porcentual de éstos últimos con respecto al conjunto de individuos que integran una población y en especial de los niños y los jóvenes. Es en definitiva un indicador numérico relativo.

Otra imprecisión es el considerar como causa explicativa, la disminución de la mortalidad y el incremento de la esperanza de la vida al nacer. Los decrementos en la mortalidad no han producido una población más vieja, ya que el factor que explica el notable envejecimiento de las poblaciones occidentales es el descenso de la fecundidad.

Ernesto Chávez Negrín nos hace algunas consideraciones sobre el caso de Cuba, al respecto afirma que la población en la isla experimentó durante el S. XX un proceso de envejecimiento creciente, derivado de la transformación de sus patrones reproductivos. Aunque en la primera mitad de esa centuria el incremento porcentual de los ancianos en el conjunto de la población fue ligero –pasó del 4.6% en 1899 al 6.9% en 1953- más tarde se alcanzó un aumento porcentual similar en sólo dos decenios -9.4% de ancianos en 1970- ritmo que se mantuvo hasta 1990.
Para Chávez Negrín una de las causas del descenso de la fecundidad ha sido la crisis económica en la que se ha sumido a la isla, principalmente por el bloqueo internacional liderado por EEUU contra Cuba. Los adultos mayores constituyen ahora el 14.3% de la población total. La proporción de ancianos es mayor en las zonas urbanas (14.7%) y en la población femenina (14.8%).
Las provincias Villa Clara, Sancti Spiritus y La Habana superan el 15% de ancianos, en contraste el Municipio de Isla de la Juventud sólo alcanza el 8.5% y el resto de las provincias presenta un nivel de envejecimiento intermedio.







El proceso de envejecimiento en Cuba ha tenido una rapidez e intensidad muy superiores a los que experimentaron en su momento los países europeos. Mientras naciones como Francia, Suecia o Alemania, tardaron muchas décadas o más de un siglo, para completar su transición demográfica, en Cuba el descenso de la fecundidad ha sido muy rápido: de una tasa de 35 nacimientos por cada mil habitantes en 1964, se pasó a otra de 15.4 en 1978. A partir de ese año ya la fecundidad no garantiza el reemplazo generacional, comportamiento que se mantiene inalterable hasta el presente.
Todo lo anterior como fenómeno sociodemográfico, desde la década de los 90, tiene como escenario un contexto internacional particularmente desfavorable en condiciones de enfrentamiento político con la única superpotencia de nuestros días, EEUU.
Las proyecciones estadísticas prevén una aguda intensificación del envejecimiento cubano. Para el año 2015 uno de cada cinco será un anciano; para el 2025 uno de cada cuatro y para el 2035 uno de cada tres, proporción ésta última, no alcanzada por ningún país a nivel mundial. Al finalizar el S. XXI Cuba sólo tendría unos 5 millones de habitantes.

Nuestro analista aludido, nos dice que es muy positivo para Cuba haber alcanzado niveles de mortalidad infantil similares a los de Europa Occidental, pero no así experimentar su misma bajísima fecundidad, “no creemos que pueda evaluarse de igual forma”. Por otro lado, en los propios países europeos ya existe una creciente preocupación por las consecuencias futuras del envejecimiento, “las fuerzas laborales podrían iniciar un declive” y “el crecimiento económico se frenará con la reducción de la fuerza laboral, mientras que los sistemas estatales de pensiones y cuidado de salud se quedarían sin fondos”.

En el caso cubano las consecuencias empiezan a manifestarse:
Los gastos de seguridad social en su conjunto ya sobrepasan los 1900 millones de pesos y superan los de casi todos los demás sectores en el presupuesto nacional.
Es de esperar que comience a escasear la fuerza de trabajo, sobre todo para cubrir aquellas plazas que requieran de mayor esfuerzo físico, fundamentalmente en sectores básicos como la agricultura, la construcción y la industria.
Se está incrementando la demanda de bienes y servicios necesarios para los adultos mayores, especialmente los servicios de salud en padecimientos somáticos y psíquicos que requieren tratamientos prolongados.


Si bien la experiencia cubana muestra que la fecundidad puede descender sin que exista una política explícita con ese propósito, no parece probable de acuerdo con lo ocurrido en los países más avanzados en el proceso de envejecimiento, que se dé el fenómeno inverso, o sea que la fecundidad se recupere espontáneamente.




A criterio de Chávez Negrín, en Cuba debería procurarse el fortalecimiento de la familia como institución y grupo social, brindándole un mayor apoyo que contribuya al mejor desempeño de sus funciones, procurando su estabilidad sobre todo en el caso de las familias jóvenes. Así, como lo afirmara el pedagogo veracruzano Don Manuel C. Tello, satisfaría el mandato de la tendencia biológica central, conservar la vida y conservar la especie.

En la actualidad Cuba se beneficia del llamado “bono” o “dividendo” demográfico – estructura poblacional ventajosa donde predominan las personas en edades productivas-, pero evidentemente esa circunstancia llegará a término y por lo mismo el país deberá afrontar los siguientes retos:
Garantizar la continuidad de los avances sociales en materia de educación, salud pública, seguridad social, etc.
Contrarrestar el previsible déficit futuro de fuerza de trabajo.
Impedir el descenso del nivel de vida a consecuencia del incremento del número de personas ancianas económicamente dependientes.
Mantener a un nivel adecuado las potencialidades productivas.
Potenciar el nivel educativo y cultural de la población, en especial, el de las nuevas generaciones.

Hasta aquí estas interesantes reflexiones que nos sirven como marco de referencia para entender mucho de lo que en este renglón sucede en países como el nuestro.

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