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Dr. José Vitelio García Maldonado

Escuelas eficaces

Por: José Vitelio García

En el campo de la sociología educativa y como resultado de una interesante investigación realizada durante cuatro años en doce escuelas secundarias urbanas de Londres Inglaterra, Rutter et al, encontraron que las escuelas eficaces existían realmente, con elevados niveles de rendimiento y pocos problemas de conducta, independientemente de los factores económicos familiares y de los resultados de evaluaciones realizadas periódicamente a su alumnado.


Los investigadores observaron clases durante el período fijado para el trabajo de campo en cada una de las doce escuelas, codificando y delimitando las actividades del profesor, de algunos alumnos seleccionados y del grupo en general. Observaban si el profesor se ocupaba de la asignatura, de la conducta de los alumnos, de las actividades sociales o de los aspectos administrativos. Tomaban nota si el profesor interactuaba con los alumnos individualmente o con toda la clase. Registraron ejemplos de estímulo o de reprensión a los alumnos y de expresiones que denotaran afecto y cariño o sentimientos negativos. Anotaban los porcentajes de tiempo dedicado a las actividades académicas y los ejemplos de ocupaciones distintas. En las horas de recreo anotaban el tipo de actividades de los alumnos, casos de mal comportamiento y de violencia, así como las reprimendas y sanciones impuestas por los profesores.

Las características íntimamente relacionadas con la calidad de eficacia, fueron:

1.- Un énfasis generalizado en lo académico y grandes expectativas sobre el éxito académico. Los alumnos eran tratados de tal forma que se potenciaba su éxito y su capacidad personal. Los deberes regulares no sólo incrementaban su conciencia por lo académico, sino además significaban la preocupación de la escuela por el buen rendimiento.

2.- Un consenso general sobre los objetivos y los valores de la escuela.

3.- Una mayor parte de la semana escolar dedicada a trabajos académicos.

4.- El establecimiento de principios y orientaciones para la conducta de los alumnos.

5.- Unas prácticas dentro del aula que favorecían y aumentaban la dedicación académica de los alumnos. Los profesores interactuaban con la clase en conjunto más que con los alumnos individualmente, empezaban las clases puntualmente, evitaban interrupciones, cancelaban reprimendas y dejaban más periodos para el trabajo independiente y el estudio individual.

6.- Unos estímulos y reconocimientos frecuentes, comentarios positivos y elogios merecidos. Las sanciones disciplinarias se aplicaban raramente pero con firmeza.

7.-Una distribución de responsabilidades sobre las obligaciones escolares y personales entre una mayor proporción de alumnos. Nombramiento de jefes de equipo, controladores de deberes escolares, representantes en reuniones, etc.

8.- Un entorno limpio, agradable y confortable. Unas condiciones que incluían la libertad de uso del edificio durante los recreos y la utilización del teléfono.

9.- Un interés por el bienestar individual de los alumnos, circunstancia que se reflejaba en el consentimiento para que los alumnos pudiesen hablar con los profesores sobre problemas personales.

Rutter concluyó que existía una relación causal entre los procesos de la escuela y los resultados obtenidos por los alumnos. Un hallazgo importante fue detectar el hecho de que el efecto combinado y añadido de los procesos era mucho más fuerte que cualquier factor individual. “La combinación de dichos factores creaba una identidad (ethos) de la escuela, un conjunto de actitudes, valores y formas de actuar que potenciaban el rendimiento y la conducta positiva”.

Hasta aquí dejamos esta exposición, para cavilación de nuestros profesores, alumnos y directivos de nuestras escuelas secundarias.

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