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Dr. José Vitelio García Maldonado

Elba Esther transfigurada

Por: José Vitelio García

                   Elba Esther transfigurada.

                                                                                                                                                   Por: José Vitelio García.

Corría el mes de octubre del 85. Hacía
pocas semanas un sismo de más de 8 grados había estremecido a la ciudad de
México. Las agencias noticiosas propalaban la versión  de que aproximadamente diez mil  defeños habían perecido en aquel trágico
suceso.


Muchas oficinas
públicas  habían colapsado y su
personal  se había convertido en
itinerante.  Tal era el caso de mi
persona, que junto con varios compañeros empleados en la Dirección de
Contenidos y Métodos educativos, habíamos tenido que abandonar las oficinas
ubicadas en un edificio más o menos funcional, alquilado por la Secretaría de
Educación Pública para varias de sus áreas, allá por el rumbo de Balbuena,
salida hacia Puebla. Ahora ocupábamos un espacio reducido en la Colonia
Polanco, en la calle de Mazarik.


Aquel día, después de tomar
mis alimentos en un restaurante cercano a las oficinas, regresaba a las mismas,
por una calle que más bien era un camino rural poco transitado.


Ví una limusina negra
que venía en el mismo sentido en que yo caminaba, me detuve con la intención de
dejarla pasar. El vehículo, también se detuvo casi a la par de mí. Un cristal
de la ventanilla lateral trasera, bajó con esa parsimonia que adoptan los
cristales automáticos. Una voz del interior, se escuchó y un rostro, el de Elba
Esther, se asomó.


 

- Maestro Vitelio, cómo está –

- Hola Elba Esther, como le va –

- Quiero hablar con usted, ¿Cuándo podrá? –

Yo me acerqué un poco y
le comenté, que era posible en un restaurante del centro, a donde eventualmente
me acercaba a comer. De común acuerdo fijamos fecha y hora.


En el Centro Catalán,
en una sesión comida que se prolongó hasta las 19 ó 20 hs., conocí la imagen
transfigurada de Elba Esther.


Habían pasado varios
años desde el deceso de mi amigo Arturo Montelongo. Elba Esther le había pedido
a Víctor Gallo Martínez a la sazón director general del Instituto Federal de
Capacitación del Magisterio, que le ayudara a superar su situación socioeconómica.
Víctor Gallo la recomendó para que en el Estado de México le ubicasen
laboralmente. Ahí en la región del Vaso de Texcoco le asignaron  una plaza de educación primaria en donde en
poco tiempo se empezó a distinguir por su actuación como lideresa.


En esa época, la vida
sindical del magisterio estaba controlada por un grupo de actuación hamponesca  que a punta de pistola, un mal día había
tomado el control físico y administrativo de las instalaciones del SNTE, su
líder era Jongitud Barrios.


Elba Esther fue requerida por
Jongitud.


_ ¿Con que tú eres la flaca que me anda alborotando a la gente en el Vaso
de Texcoco?_


_ ¿Flaca?_ Pensó Elba Esther, que para entonces se encontraba en Estado
de Buena Ventura, como dicen en España.


El caso fue que ahí empezó el diálogo que los llevó a un buen
entendimiento. Elba Esther fue ocupando sucesivamente posiciones de poder
sindical en las diversas secretarías del Comité Ejecutivo central del SNTE, a
nivel federal.


Ahora quería ser la
lideresa máxima del SNTE y para eso andaba en campaña, pidiendo a sus conocidos
y amigos que le apoyaran o cuando menos viesen con buenos ojos su justa
aspiración, después de haber servido a la camarilla de Jongitud.


Pero como ella misma lo expresara:

  _ El maestro Jongitud, ha dicho que
mientras él esté como gran líder del  ,   


   Magisterio, ninguna “ vieja” ocupará la máxima
posición del SNTE _


Con ese motivo se había
concertado esa comida. Yo la advertí transfigurada. Anécdotas de sus
trastiendas y trapisondas, algunas crueles y descarnadas rayando casi en el
cinismo, reflejaban el nuevo temple y carácter adquirido por Elba Esther.


La oportunidad para
alcanzar sus aspiraciones se le presentó a ella, cuando Salinas de Gortari
decidió descabezar a como fuera lugar a los grandes y hegemónicos liderazgos
sindicales del país. Así cayó la Quina entre los petroleros, Jongitud se sintió
muy desmejorado después de una entrevista con el Presidente y renunció por “
motivos de salud”  a su “Presidencia
Vitalicia” en el SNTE.


Por eso, con todas las
cuotas sindicales que la Federación otorga a los líderes en turno, sin
taxativas ni control hasta ahora, Elba Esther hizo lo que quiso con ellas, en
el sindicato magisterial. Las manejó a su arbitrio y en su provecho. Hizo creer
a los jerarcas Panistas que el control de la Presidencia de la República se
debió a su partido el PANAL y por eso exigió parcelas de poder: Subsecretaría
de Educación Básica en la SEP, Dirección del ISSSTE, Control de la Lotería
Nacional y gran influencia en los procesos electorales para las gubernaturas de
varios Estados de la República.  


  Se sintió todopoderosa a la manera del ser
Parmenídeo y su derrumbe se presentó exhibiendo sus lados obscuros . Ahora,…..
tal vez haya logrado una ventaja postrera: “Que se le mantenga ignorada” a
cambio de no declarar e involucrar como es lógico a muchos exfuncionarios y
funcionarios que le apoyaron en connivencia, para perjuicio de la vida
democrática sindical que hoy por hoy, es una utopía en  México.

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